Este último puente nos fuimos a Valencia con los hijos pequeños (los que van al cole en bici) de visita familiar y para satisfacer la curiosidad viajera del mediano, que es el de los auriculares de guasa (en las fotos).
Metimos nuestras dos bicis plegables y sus dos BTT (de 20" y 24") en el maletero, con la ropa y demás bártulos, y allá que nos fuimos, estrenando la autovía continua, que ya era hora de tener una comunicación decente, ahora sólo nos faltaría un tren en condiciones.

Valencia es una ciudad bastante curiosa. Se podría hablar de sus extravagancias hidrológicas o constructoras, que viene a ser más o menos lo mismo, pero eso se saldría del tema, así que intentaré (con poco éxito) no decir nada. También se puede hablar del tráfico. Espero que en Valencia ningún conductor se queje de que los ciclistas se salten los semáforos en rojo, dejen la bici en cualquier lado o vayan por la acera, pues son cosas que los automovilistas también hacen con frecuencia.
Incumplir las normas es la única norma que se respeta universalmente, y como observador conjeturo que la causa es el poco empeño que se pone en hacerlas cumplir. Por ejemplo: en el Oceanográfico se repite por los altavoces en varios idiomas cada cinco minutos que no se hagan fotos con flash. Sin embargo los destellos son continuos, y bien fáciles de localizar, pero nunca ví a nadie llamar la atención a los infractores. Poner una y otra vez el mensaje grabado debe de ser más barato y cómodo. Tanto como inútil.
Así que, con esta cultura cívica, no es de extrañar ver a los ciclistas hacer cosas tales como saltarse un semáforo en rojo al atardecer, sin luces, viniendo un bus por el cruce. O pedalear a más de 30 km/h por el Parque del Turia, por el carril de la acera compartida con los abundantes peatones y niños propios de una mañana festiva de la más benigna primavera, o por el césped, que ya tiene varios "senderos" así marcados.
También espero que nadie proteste por el gasto en "construir", digo pintar, carriles bici, tan útiles para aparcar en ellos con menos complejos que en una acera normal. Supongo que no llegan los euros para otra cosa, ni para separar el carril bus, ni para actualizar el sistema de bonobús por algo más moderno y multimodal. Pero no será porque no hay euros metidos en la construcción.
Estos días está todo patas arriba. Tratar de moverse en coche es de locos. Supongo que es para facilitar que se haga caso de esta campaña, que aplaudimos.
Pensaréis que no nos ha gustado Valencia. Pues estáis totalmente equivocados. Ya he dicho que es una ciudad muy curiosa. Una de las cosas más espectaculares que se pueden hacer en Valencia es "viajar" del pasado al futuro bajando por una rampa. Arriba el caos de tráfico, el ruido, la contaminación, el asfalto, el cemento. Te deslizas con tu bici (o caminando) rampa abajo y te metes en el Parque del Turia, por el que puedes ir de un extremo a otro de la ciudad entre árboles, fuentes, parques infantiles, campos de deporte, terrazas, etc, oyendo el canto de los pájaros y el rumor del agua, escogiendo entre sol o sombra, o parando a contemplar el paisaje. El Parque del Turia tiene una interesante historia. Tras una inundación del río Turia, que normalmente ni llega al mar de "tan bien que se aprovecha", se decidió desviarlo por el Sur de la ciudad. Esperemos que el río esté siempre de acuerdo. El caso es que el antiguo cauce se ha convertido en el gran parque lineal de Valencia (tras salvarse de convertirse en una gran autovía) y es la bendición del viajero, o el oriundo, que se quiere mover por Valencia en bici. Son unos quince kilómetros por los que puedes desplazarte con toda la seguirdad y placer del mundo desde la superfashion Ciudad de las Artes y las Ciencias, hasta el recién inaugurado zoológico (Bioparc) y los lagos que hay en sus cercanías, pasando por el casco histórico señalado por las Torres de los Serranos. Y si quieres visitar el casco, con su magnífica catedral y alrededores, sus encantadoras callejuelas, iglesias, universidad vieja, palacios, estupendos edificios modernistas, etc, también lo puedes hacer en bici, pues muchas de sus calles son peatonales o con tráfico calmado, como indican en este estupendo mapa. Y si quieres que te lo muestren y expliquen (en inglés), a la vez que conoces a gentes de diversas procedencias, te puedes apuntar a una visita con guía que sale todos los días desde hace unos años, a las diez de la mañana, en Valencia bikes.
Comparto con vosotros una selección de fotos.
En fin, que nos ha encantado, hemos pasado unos días fantásticos,
unos días más felices de nuestras vidas (esto lo tengo que explicar en otra ocasión).
Nos hemos quedado con ganas de volver, cuando Rita encuentre el tesoro que parece que está buscando.
Y, si es en verano, también iremos a la playa de la Malvarrosa, y recorreremos el paseo marítimo.
En bici, por supuesto.