Este hombrecillo me suena... y parece que las cosas han cambiado mucho, y para muy bien, desde la última vez que lo vimos por aquí hace... ¡cuatro años!
Vean, vean, a partir del minuto 26.
Me dicen fuentes bien informadas que han cortado alguna cuña reivindicativa, alguna payasada (más) y el resultado del pique con el tranvía en Independencia (con clara victoria a favor de la bici), pero creo que les ha quedado bien majo. No sé si se animarán algún día a grabar la propuesta de echar una carrera al tranvía a lo largo de todo el recorrido, que sé por experiencia que puede ganar la bici. Les haría falta un helicóptero, o un dron (esto ya no es ciencia ficción).
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Sin miedo
He visto pasar un par de aviones rumbo al paraíso por encima de mi cabeza. No pueden verme, aquí abajo, ni yo puedo subirme a ellos. Tendría que llegar primero a un aeropuerto, y no sé hacia dónde se encuentra, sin contar con que la bici sigue rota.
Se me ocurre de repente que igual puedo subirme a ella de todos modos. Me da miedo. Pero peor es quedarme aquí sentado otro día más, otra noche más. ¡Allá vamos y que sea lo que dios quiera! (Es un decir.)
Continuará (probablemente)
Publicado el
31.1.12
¡Buen viaje, papá!
Dedicado a quien me enseñó buena parte de ser quien soy.
Y también me enseñó a montar en bici.
Y también me enseñó a montar en bici.
Ha llegado la hora de despedirnos definitivamente, aunque hace tanto que partiste en este último viaje que apenas el paso que acabas de dar se ha dejado sentir. Una vez más has conseguido mantener la discreción, la compostura y la dignidad, valores que te han caracterizado siempre junto con la honradez, el carácter luchador y la valentía. Hasta el final, de forma apenas consciente y sin palabras, has pretendido cumplir con quienes se acercaban a acompañarte, con un amago de sonrisa, apretando sus manos, o sólo con la mirada. Todos saben que agradeces el cariño recibido, y nosotros reiteramos aquí tu agradecimiento. Puedes descansar en paz.
En este momento dejamos de verte consumido por la cruel enfermedad, y vuelves a ser, para siempre, el mejor Julio que hemos conocido cada uno de nosotros. Para tus hijos vuelves a ser quien nos sentaba en sus rodillas para ver los Picapiedras después de volver del trabajo, quien nos acompañaba con frío o calor a los partidos, nos arrancaba los dientes de leche con tirón decidido y certero, que es como menos duele, nos enseñaba a montar en bici o a nadar, nos daba clases de inglés, y nos llevaba al campo y a la playa. Quien esperaba de nosotros lo mejor y se sentía orgulloso de nuestros logros. Tus nietos te recuerdan juguetón, y se sienten reconfortados por tu mirada amorosa, tu admiración complacida. Para tus amigos vuelves a los paseos y las tertulias tomando un café, y de nuevo saben que pueden contar contigo para que les eches esa mano atenta que en algún momento difícil necesitan. Eres el compañero de trabajo que sabe sacar lo mejor de cada uno dando ejemplo de dedicación y convicción. Te reencuentras con tus familiares alrededor de la mesa. Eres el hermano pequeño, el primo, el amigo a quien se quiere con devoción, tal vez sin saber muy bien por qué, pero sin asomo de duda.
Para la mujer de tu vida apareces de nuevo en Teruel, desde la fascinante Barcelona, para comprometerte con ella y no apartarte jamás de su lado. Es ella quien se ha entregado más a fondo a la grave tarea de aliviarte. Es a ella a quien en este momento debemos aliviar entre todos, para que pueda aprender a echarte de menos felizmente.
Te dejamos con una de tus músicas favoritas, que a menudo sonaba en nuestros viajes familiares, para que te acompañe en este, y te transporte a tus Minas de Libros natal bajo un profundo cielo estrellado, al Teruel de tu juventud y de los periódicos reencuentros, a los pinares y callejuelas del Albarracín amado, a la Barcelona de tu independencia y progreso vital, a la Zaragoza de tu madurez y descanso, al vivificante Pirineo, a las plácidas tardes en Peñíscola... a los campos verdes besados por el sol y más allá de las blancas nubes y el cielo azul.
En este momento dejamos de verte consumido por la cruel enfermedad, y vuelves a ser, para siempre, el mejor Julio que hemos conocido cada uno de nosotros. Para tus hijos vuelves a ser quien nos sentaba en sus rodillas para ver los Picapiedras después de volver del trabajo, quien nos acompañaba con frío o calor a los partidos, nos arrancaba los dientes de leche con tirón decidido y certero, que es como menos duele, nos enseñaba a montar en bici o a nadar, nos daba clases de inglés, y nos llevaba al campo y a la playa. Quien esperaba de nosotros lo mejor y se sentía orgulloso de nuestros logros. Tus nietos te recuerdan juguetón, y se sienten reconfortados por tu mirada amorosa, tu admiración complacida. Para tus amigos vuelves a los paseos y las tertulias tomando un café, y de nuevo saben que pueden contar contigo para que les eches esa mano atenta que en algún momento difícil necesitan. Eres el compañero de trabajo que sabe sacar lo mejor de cada uno dando ejemplo de dedicación y convicción. Te reencuentras con tus familiares alrededor de la mesa. Eres el hermano pequeño, el primo, el amigo a quien se quiere con devoción, tal vez sin saber muy bien por qué, pero sin asomo de duda.
Para la mujer de tu vida apareces de nuevo en Teruel, desde la fascinante Barcelona, para comprometerte con ella y no apartarte jamás de su lado. Es ella quien se ha entregado más a fondo a la grave tarea de aliviarte. Es a ella a quien en este momento debemos aliviar entre todos, para que pueda aprender a echarte de menos felizmente.
Te dejamos con una de tus músicas favoritas, que a menudo sonaba en nuestros viajes familiares, para que te acompañe en este, y te transporte a tus Minas de Libros natal bajo un profundo cielo estrellado, al Teruel de tu juventud y de los periódicos reencuentros, a los pinares y callejuelas del Albarracín amado, a la Barcelona de tu independencia y progreso vital, a la Zaragoza de tu madurez y descanso, al vivificante Pirineo, a las plácidas tardes en Peñíscola... a los campos verdes besados por el sol y más allá de las blancas nubes y el cielo azul.
Recuerdos de un buen viaje
Publicado el
4.5.11
La movilidad urbana que viene
Ayer el Heraldo publicó un artículo de opinión que comparto tanto, que lo mejor que puedo hacer es compartirlo aquí (copiándolo con santa paciencia, ya que el Heraldo no lo ha sacado en la versión digial en abierto). He disfrutado leyendo esta declaración de principios (y fines), espero que también vosotros lo hagáis.
Desde los años ’60, nuestro país ha pasado de considerar el coche particular como un símbolo de independencia y status a depender de él de una manera extrema. La expansión de la ciudad española se ha planificado por y para los coches, y su estructura fuerza, en muchas ocasiones, su utilización. Los centros urbanos han quedado atrapados, y han sido violentados para facilitar la penetración forzada de un elemento para el que no estaban previstos. La capacidad de flujo y estacionamiento de vehículos ha quedado desbordada, creando un problema que tiene difícil o nula solución.
La engañosa impresión de que el coche particular es la primera alternativa de transporte, cuando no la imprescindible, ha perjudicado además al transporte público en general. En un arranque de modernidad, España renunció a los tranvías, cuando en muchas ciudades europeas el tranvía sigue siendo un elemento clave en la movilidad, y cedió una gran parte del espacio ciudadano al coche. La crisis energética de los ’70 puso a Europa en alerta y en pedales, pero España estaba entonces agazapada tras los Pirineos, y bajo el sueño de un utilitario para cada familia.
Frecuentemente usado de manera individual, el coche precisa de un espacio desproporcionado para desplazarse y estacionarse. Estas necesidades de espacio, junto a la contaminación que produce, escalan mal con el crecimiento de las ciudades. Pensado y vendido para alcanzar grandes velocidades, el coche en ciudad se deplaza a una media ridícula para semejante máquina, puede pasar más tiempo parado que en movimiento, y consume y contamina prohibitivamente al no estar diseñado para ese uso. Está demostrado que este coche particular es poco eficaz en desplazamientos urbanos de menos de 7 km. Además convive mal con el peatón, porque proporciona una visibilidad muy reducida y sensación de aislamiento, y aunque la impresión cuando se conduce a 50 km/h es de ir muy despacio, en un impacto a esa velocidad el 45% de los peatones muere, y sólo un 5% sale ileso. A 65 km/h nadie sale ileso y un 85% de las víctimas perece.
Hacer que las ciudades crezcan vivibles, disminuir la costosa factura familiar y estatal del petróleo, o reducir las emisiones, son algunos de los motivos por los que los países occidentales apuestan por nuevas políticas de movilidad urbana. En todas ellas, el coche cede espacio y protagonismo a peatones, transporte público y bicicletas. El reequilibrio entre estos elementos hace más importante que nunca una buena educación vial.
Basada en el respeto mutuo y el sentido común, la educación vial puede formularse en tres principios: que peatones, ciclistas y automovilistas han de estar pendientes los unos de los otros; que ante cualquier ambigüedad, la seguridad del peatón prima sobre los otros dos, y la del ciclista sobre el automóvil; y finalmente que ninguno de los tres, bajo ningún concepto ni en virtud de ningún derecho, puede poner deliberadamente en peligro la integridad de los otros. Las regulaciones e infraestructuras son desde luego necesarias, pero son los principios anteriores, basados en la responsabilidad individual, los únicos que pueden realmente vertebrar una movilidad urbana sostenible.
Así por ejemplo un sano sentido común dicta que no hay inconveniente en que una bici circule por una zona peatonal amplia y despejada. Pero la misma zona puede ser un desierto peatonal a unas horas, y estar concurrida en otras. Como peatones seguimos a veces trayectorias erráticas. Un niño puede salir disparado corriendo o con una bicicleta por cualquier esquina. Es el ciclista quien debe adecuarse a las circustancias, adaptarse a la velocidad del peatón, detenerse o bajarse de la bici en un momento dado. La Ordenanza municipal zaragozana establece unos términos razonables, pero sólo la prudencia ciclista y la comprensión del peatón pueden evitar los conflictos. Es la conducta temeraria de algunos ciclistas, y la falta de tolerancia de algunos peatones, la que convierte en protagonista al conflicto peatón-bici cuando el auténtico conflicto es la planificación y regulación urbanas en función del automóvil. En el escenario de la calzada, la actual normativa ya contempla que el ciclista puede y debe circular por el medio del carril, y que no se puede adelantar a un vehículo de dos ruedas por su mismo carril. El ciclista debe ser consciente de por dónde circula, y el automovilista de que ninguna norma puede hacer peligrar al más débil. Ninguna ordenanza puede capturar todos los aspectos. La educación vial, sí. El Cycle Safety Action Plan del Ayuntamiento de Londres ha dado al respecto con un apartado importante: la implicación de los profesionales del transporte urbano en la educación y seguridad vial.
Fomentar el uso de la bici implica facilitar que ésta sea un medio seguro y eficaz de movilidad urbana. Para ello las políticas de movilidad han de centrarse en la continuidad y seguridad de las rutas ciclables urbanas y en campañas eficaces de educación vial, antes que en infraestructuras determinadas. Una ruta ciclable puede constar de diferentes elementos (calzada, vía ciclista, transporte público intermodal, zona de tránsito compartido) y tiene que estar dotada de aparcamientos seguros para las bicis y disuasorios para los coches.
El lugar más apropiado para la bici es la calzada bien señalizada, con zonas de espera adelantadas, carriles de giro y otros elementos para facilitar la circulación ciclista. Sin embargo, en ausencia todavía de estos elementos y de una educación vial adecuada, vías ciclistas segregadas tales como los carriles bici convienen en determinadas zonas, y contribuyen a que más personas se sientan con la confianza suficiente para usar la bicicleta como transporte. En todo caso, estas vías ciclistas no deben robar espacio al peatón, sino al coche. Zonas 30, calles pacificadas, etc., son elementos clave, de menor coste que los carriles, que no sólo contribuyen a la accesibilidad y continuidad de las rutas ciclables, sino a la seguridad del peatón y la habitabilidad de la ciudad. Las rutas inseguras, discontinuas, o con rodeos innecesarios, acaban añadiendo costosas infraestructuras al elenco municipal de relictos inconexos e inútiles de lo que pudo haber sido y no fué.
Vivimos un momento singular porque el uso de la bicicleta para desplazamientos urbanos está incrementándose como nunca en Zaragoza, y los temas de movilidad preocupan y ocupan en nuestro país. El Plan Director de la Bicicleta recoge bien aspectos como los que hemos expuesto y que forman parte del patrimonio de experiencia en movilidad de muchas ciudades. Está consensuado y aprobado, y sólo queda esperar que se despliegue dando importancia a lo que más la tiene: la continuidad y seguridad de las rutas ciclistas, y la educación vial. La nueva geografía zaragozana, con grandes barrios satélites, reclama, además, un sistema intermodal de transporte público. Con una referencia así, con una amplia participación tanto de ciudadanos como de expertos, y con un amplio catálogo de soluciones óptimas y de bajo o moderado coste, no resultan de recibo decisiones como, por ejemplo, la tomada para el carril-bici que acompaña al trazado del tranvía a la altura de la Romareda. Es difícilmente comprensible que, abogando por los intereses de todos, se definan autocráticamente actuaciones pésimas que no satisfacen a nadie. Ni el hecho de que Zaragoza sea un referente nacional, ni los éxitos conseguidos, son una patente de corso para que los responsables últimos en tomar las decisiones conviertan continuamente propuestas sensatas en actuaciones estólidas. La polémica es buena. El malestar de la ciudadanía - peatones, ciclistas, conductores, y generalmente las tres cosas a la vez - no lo es.
Invitamos a comprobar cualquier día que desplazarse al trabajo o a un recado en bicicleta es una experiencia tan positiva que engancha. No todos ni siempre podemos renunciar al coche. Pero si lo hiciéramos cuando fuese posible, todos saldríamos beneficiados.
Desde los años ’60, nuestro país ha pasado de considerar el coche particular como un símbolo de independencia y status a depender de él de una manera extrema. La expansión de la ciudad española se ha planificado por y para los coches, y su estructura fuerza, en muchas ocasiones, su utilización. Los centros urbanos han quedado atrapados, y han sido violentados para facilitar la penetración forzada de un elemento para el que no estaban previstos. La capacidad de flujo y estacionamiento de vehículos ha quedado desbordada, creando un problema que tiene difícil o nula solución.
La engañosa impresión de que el coche particular es la primera alternativa de transporte, cuando no la imprescindible, ha perjudicado además al transporte público en general. En un arranque de modernidad, España renunció a los tranvías, cuando en muchas ciudades europeas el tranvía sigue siendo un elemento clave en la movilidad, y cedió una gran parte del espacio ciudadano al coche. La crisis energética de los ’70 puso a Europa en alerta y en pedales, pero España estaba entonces agazapada tras los Pirineos, y bajo el sueño de un utilitario para cada familia.
Frecuentemente usado de manera individual, el coche precisa de un espacio desproporcionado para desplazarse y estacionarse. Estas necesidades de espacio, junto a la contaminación que produce, escalan mal con el crecimiento de las ciudades. Pensado y vendido para alcanzar grandes velocidades, el coche en ciudad se deplaza a una media ridícula para semejante máquina, puede pasar más tiempo parado que en movimiento, y consume y contamina prohibitivamente al no estar diseñado para ese uso. Está demostrado que este coche particular es poco eficaz en desplazamientos urbanos de menos de 7 km. Además convive mal con el peatón, porque proporciona una visibilidad muy reducida y sensación de aislamiento, y aunque la impresión cuando se conduce a 50 km/h es de ir muy despacio, en un impacto a esa velocidad el 45% de los peatones muere, y sólo un 5% sale ileso. A 65 km/h nadie sale ileso y un 85% de las víctimas perece.
Hacer que las ciudades crezcan vivibles, disminuir la costosa factura familiar y estatal del petróleo, o reducir las emisiones, son algunos de los motivos por los que los países occidentales apuestan por nuevas políticas de movilidad urbana. En todas ellas, el coche cede espacio y protagonismo a peatones, transporte público y bicicletas. El reequilibrio entre estos elementos hace más importante que nunca una buena educación vial.
Basada en el respeto mutuo y el sentido común, la educación vial puede formularse en tres principios: que peatones, ciclistas y automovilistas han de estar pendientes los unos de los otros; que ante cualquier ambigüedad, la seguridad del peatón prima sobre los otros dos, y la del ciclista sobre el automóvil; y finalmente que ninguno de los tres, bajo ningún concepto ni en virtud de ningún derecho, puede poner deliberadamente en peligro la integridad de los otros. Las regulaciones e infraestructuras son desde luego necesarias, pero son los principios anteriores, basados en la responsabilidad individual, los únicos que pueden realmente vertebrar una movilidad urbana sostenible.
Así por ejemplo un sano sentido común dicta que no hay inconveniente en que una bici circule por una zona peatonal amplia y despejada. Pero la misma zona puede ser un desierto peatonal a unas horas, y estar concurrida en otras. Como peatones seguimos a veces trayectorias erráticas. Un niño puede salir disparado corriendo o con una bicicleta por cualquier esquina. Es el ciclista quien debe adecuarse a las circustancias, adaptarse a la velocidad del peatón, detenerse o bajarse de la bici en un momento dado. La Ordenanza municipal zaragozana establece unos términos razonables, pero sólo la prudencia ciclista y la comprensión del peatón pueden evitar los conflictos. Es la conducta temeraria de algunos ciclistas, y la falta de tolerancia de algunos peatones, la que convierte en protagonista al conflicto peatón-bici cuando el auténtico conflicto es la planificación y regulación urbanas en función del automóvil. En el escenario de la calzada, la actual normativa ya contempla que el ciclista puede y debe circular por el medio del carril, y que no se puede adelantar a un vehículo de dos ruedas por su mismo carril. El ciclista debe ser consciente de por dónde circula, y el automovilista de que ninguna norma puede hacer peligrar al más débil. Ninguna ordenanza puede capturar todos los aspectos. La educación vial, sí. El Cycle Safety Action Plan del Ayuntamiento de Londres ha dado al respecto con un apartado importante: la implicación de los profesionales del transporte urbano en la educación y seguridad vial.
Fomentar el uso de la bici implica facilitar que ésta sea un medio seguro y eficaz de movilidad urbana. Para ello las políticas de movilidad han de centrarse en la continuidad y seguridad de las rutas ciclables urbanas y en campañas eficaces de educación vial, antes que en infraestructuras determinadas. Una ruta ciclable puede constar de diferentes elementos (calzada, vía ciclista, transporte público intermodal, zona de tránsito compartido) y tiene que estar dotada de aparcamientos seguros para las bicis y disuasorios para los coches.
El lugar más apropiado para la bici es la calzada bien señalizada, con zonas de espera adelantadas, carriles de giro y otros elementos para facilitar la circulación ciclista. Sin embargo, en ausencia todavía de estos elementos y de una educación vial adecuada, vías ciclistas segregadas tales como los carriles bici convienen en determinadas zonas, y contribuyen a que más personas se sientan con la confianza suficiente para usar la bicicleta como transporte. En todo caso, estas vías ciclistas no deben robar espacio al peatón, sino al coche. Zonas 30, calles pacificadas, etc., son elementos clave, de menor coste que los carriles, que no sólo contribuyen a la accesibilidad y continuidad de las rutas ciclables, sino a la seguridad del peatón y la habitabilidad de la ciudad. Las rutas inseguras, discontinuas, o con rodeos innecesarios, acaban añadiendo costosas infraestructuras al elenco municipal de relictos inconexos e inútiles de lo que pudo haber sido y no fué.
Vivimos un momento singular porque el uso de la bicicleta para desplazamientos urbanos está incrementándose como nunca en Zaragoza, y los temas de movilidad preocupan y ocupan en nuestro país. El Plan Director de la Bicicleta recoge bien aspectos como los que hemos expuesto y que forman parte del patrimonio de experiencia en movilidad de muchas ciudades. Está consensuado y aprobado, y sólo queda esperar que se despliegue dando importancia a lo que más la tiene: la continuidad y seguridad de las rutas ciclistas, y la educación vial. La nueva geografía zaragozana, con grandes barrios satélites, reclama, además, un sistema intermodal de transporte público. Con una referencia así, con una amplia participación tanto de ciudadanos como de expertos, y con un amplio catálogo de soluciones óptimas y de bajo o moderado coste, no resultan de recibo decisiones como, por ejemplo, la tomada para el carril-bici que acompaña al trazado del tranvía a la altura de la Romareda. Es difícilmente comprensible que, abogando por los intereses de todos, se definan autocráticamente actuaciones pésimas que no satisfacen a nadie. Ni el hecho de que Zaragoza sea un referente nacional, ni los éxitos conseguidos, son una patente de corso para que los responsables últimos en tomar las decisiones conviertan continuamente propuestas sensatas en actuaciones estólidas. La polémica es buena. El malestar de la ciudadanía - peatones, ciclistas, conductores, y generalmente las tres cosas a la vez - no lo es.
Invitamos a comprobar cualquier día que desplazarse al trabajo o a un recado en bicicleta es una experiencia tan positiva que engancha. No todos ni siempre podemos renunciar al coche. Pero si lo hiciéramos cuando fuese posible, todos saldríamos beneficiados.
Publicado el
11.4.11
De Zaragoza a la sierra de Alcubierre, Perdiguera y el vedado de Peñaflor
En el aniversario del día en que deseé que existiese un cielo al que subir con una escalera me acerqué todo lo que pude, ascendiendo a la cima del Pelupín con mis hijos mayores y unos queridos amigos (a pie, con raquetas, desde el túnel de Cotefablo, pero este verano subiré en bici desde Broto, que ya he visto cómo hacerlo).
Aparte de magníficas vistas de la Sierra Tendeñera y el macizo de Monte Perdido, mirando hacia el sur se veía hasta Zaragoza, concretamente Perico nos señaló la aguda punta de San Caprasio (a la que he subido varias veces, la primera el día en que se anunció el evento más acojonante descojonante desde los reyes católicos - del que no se desdicen porque con unas elecciones a la vuelta de la esquina quedaría feo, y además rectificar es de sabios).
Aquí podéis verlo, aunque será poco más de un pixel un poco a la derecha del centro de la imagen:
A continuación incluyo el mapa de la ruta (un pétalo más de la margarita alrededor de Zaragoza que pretendo dibujar) y las fotos (de muy mediocre calidad, lo lamento, llevaba la cámara de juguete y mal ajustada):
Por cierto, desde el Pelupín también se veía el Moncayo... ;)
Publicado el
3.1.11
Ideas locas: la Sobarbuelta
De vez en cuando se me aparecen en el cabezolo ideas extravagantes, que no descabelladas, que ocasionalmente puedo hacer realidad, y suelo alegrarme cuando se da el caso. Las llamo ideas locas. Dicho sea de paso, subirme a una bici con dos niños y crear el personaje de Don Biciclote fue una de esas ideas locas...
Estas ideas, y otras no tan locas, se instalan cómodamente en la mente del ciclista mientras disfruta pedaleando. Así me sucedió el otro día, mientras hacía la Sobrarbuelta, que me puse a pensar que el recorrido sería una ideal "quebrantahuesos" para todo tipo de bicis, de carretera, BTT e híbrida. Durante el almuerzo, en el Palazio de Nerín (sitio recomendable donde los haya) lo comenté, y hablamos de otras ideas similares: duatlones bici-raquetas en invierno, duatlones bici-andar como nuestro duatlón contemplativo Tour de Añisclo, etc.
La idea de la Sobrarbuelta consistiría en convocar a los participantes un día, idealmente durante la segunda quincena de junio o la primera de julio. Habría múltiples puntos de control y avituallamiento, por ejemplo: Torla, Broto, Sarvisé, Fiscal, Borrastre, Ligüerre de Ara, Yeba, Boltaña, Guaso, Aínsa, Labuerda, el Pueyo de Araguás, Arro, Los Molinos, Torrelisa, Ceresa, Laspuña, Escalona, Nerín, Fanlo, Buerba, Puyarruego, ... La prueba consistiría en salir y llegar al mismo punto (cualquiera de los anteriores), entre unas horas límite (las de amanecer y atardecer), seleccionando los tramos según las preferencias de cada participante, con la única restricción de respetar el sentido de circulación indicado en cada caso (tanto las pistas como la mayoría de los tramos de carretera se recorrerían en un único sentido). Al finalizar, cada participante recibiría un diploma con su recorrido y perfil y los tiempos empleados (se sellaría un "pasaporte" en los controles, o mejor se emplearían chips). La idea es que en sucesivas ediciones cada participante pueda ampliar su recorrido, o intentar mejorar sus tiempos. Es decir, no sería propiamente una "carrera", aunque obviamente también se podría premiar a los participantes que hagan los recorridos máximos (de carretera o de BTT) en los mejores tiempos, a modo de contra-reloj. La proximidad con la Quebrantahuesos atraería a ciclistas que se entrenasen para ella si la Sobrarbuelta fuese antes... ¡o viceversa! No sería preciso interrumpir el tráfico, pues naturalmente los ciclistas respetaríamos el código de circulación durante los tramos de carretera, aunque convendría controlar algún punto conflictivo como la travesía de Aínsa o el cruce de Laspuña.
El mapa de los recorridos podría ser algo como esto:
Ver Sobrarbueltas en un mapa más grande, con la identificación de los tramos por separado. En azul los tramos íntegramente de carretera y en rojo los tramos total o parcialmente por pista.
Por ejemplo, el otro día hice el recorrido 1c-2c-3c-4p-5c-6p, y en otra ocasión había hecho el recorrido 1c-2c-3c-7c-6c (sólo carretera). Habría posibilidad de hacer recorridos "baby" como 2c-2p, 5c-8c (magnífico para iniciación, sólo carretera), 7c-4c o 7c-4p, y recorridos intermedios, como 6c-6p, 4px, o 1c-2p-9p-6c, que es el próximo que tengo intención de hacer, alguna mañana de fin de semana este septiembre. Cuando hice parte del tramo 6c en otoño las fotos fueron muy elogiadas. También os conté el día que recorrimos el tramo 4px en otro otoño. Por supuesto, la cima del recorrido, a unos 2200 m, encima de Ordesa, es la pista de las Cutas (en el tramo 6p) que corona este blog...
La ventaja del recorrido flexible, incluyendo distintos puntos de salida-llegada, es obviamente que se evitaría el colapso en la salida-meta, y se distribuiría mejor la ocupación hotelera el día de la prueba. De hecho, iniciativas como esta pueden ser un atractivo turístico importante, y sostenible, para comarcas como el Sobrarbe, cuya promoción no debiera nunca hacer peligrar su patrimonio natural, sino todo lo contrario, ya que es un tesoro de incomparable valor. A mí me encantaría ver más bicis recorriendo las pistas y carreterillas secundarias del Sobrarbe. Y pruebas como la Quebrantahuesos han demostrado que pueden atraer hasta a 16000 participantes potenciales...
Yo no alcanzo a más que poner negro sobre blanco la idea tal como se me apareció, y ofrecerla desde aquí a cualquiera que le guste para empujarla, reenviarla, apoyarla y/o hacerla realidad. Tanto si se materializa como si no, personalmente mantendré la "costumbre" de hacerla anualmente. Si puedo, el año que viene haré el recorrido más amplio, 1c-2p-3c-4c-4px-5c-6p, que son unos 160 km y 3400 m de ascenso acumulado. ¿Alguien se apunta?
Estas ideas, y otras no tan locas, se instalan cómodamente en la mente del ciclista mientras disfruta pedaleando. Así me sucedió el otro día, mientras hacía la Sobrarbuelta, que me puse a pensar que el recorrido sería una ideal "quebrantahuesos" para todo tipo de bicis, de carretera, BTT e híbrida. Durante el almuerzo, en el Palazio de Nerín (sitio recomendable donde los haya) lo comenté, y hablamos de otras ideas similares: duatlones bici-raquetas en invierno, duatlones bici-andar como nuestro duatlón contemplativo Tour de Añisclo, etc.
La idea de la Sobrarbuelta consistiría en convocar a los participantes un día, idealmente durante la segunda quincena de junio o la primera de julio. Habría múltiples puntos de control y avituallamiento, por ejemplo: Torla, Broto, Sarvisé, Fiscal, Borrastre, Ligüerre de Ara, Yeba, Boltaña, Guaso, Aínsa, Labuerda, el Pueyo de Araguás, Arro, Los Molinos, Torrelisa, Ceresa, Laspuña, Escalona, Nerín, Fanlo, Buerba, Puyarruego, ... La prueba consistiría en salir y llegar al mismo punto (cualquiera de los anteriores), entre unas horas límite (las de amanecer y atardecer), seleccionando los tramos según las preferencias de cada participante, con la única restricción de respetar el sentido de circulación indicado en cada caso (tanto las pistas como la mayoría de los tramos de carretera se recorrerían en un único sentido). Al finalizar, cada participante recibiría un diploma con su recorrido y perfil y los tiempos empleados (se sellaría un "pasaporte" en los controles, o mejor se emplearían chips). La idea es que en sucesivas ediciones cada participante pueda ampliar su recorrido, o intentar mejorar sus tiempos. Es decir, no sería propiamente una "carrera", aunque obviamente también se podría premiar a los participantes que hagan los recorridos máximos (de carretera o de BTT) en los mejores tiempos, a modo de contra-reloj. La proximidad con la Quebrantahuesos atraería a ciclistas que se entrenasen para ella si la Sobrarbuelta fuese antes... ¡o viceversa! No sería preciso interrumpir el tráfico, pues naturalmente los ciclistas respetaríamos el código de circulación durante los tramos de carretera, aunque convendría controlar algún punto conflictivo como la travesía de Aínsa o el cruce de Laspuña.
El mapa de los recorridos podría ser algo como esto:
Ver Sobrarbueltas en un mapa más grande, con la identificación de los tramos por separado. En azul los tramos íntegramente de carretera y en rojo los tramos total o parcialmente por pista.
Por ejemplo, el otro día hice el recorrido 1c-2c-3c-4p-5c-6p, y en otra ocasión había hecho el recorrido 1c-2c-3c-7c-6c (sólo carretera). Habría posibilidad de hacer recorridos "baby" como 2c-2p, 5c-8c (magnífico para iniciación, sólo carretera), 7c-4c o 7c-4p, y recorridos intermedios, como 6c-6p, 4px, o 1c-2p-9p-6c, que es el próximo que tengo intención de hacer, alguna mañana de fin de semana este septiembre. Cuando hice parte del tramo 6c en otoño las fotos fueron muy elogiadas. También os conté el día que recorrimos el tramo 4px en otro otoño. Por supuesto, la cima del recorrido, a unos 2200 m, encima de Ordesa, es la pista de las Cutas (en el tramo 6p) que corona este blog...
La ventaja del recorrido flexible, incluyendo distintos puntos de salida-llegada, es obviamente que se evitaría el colapso en la salida-meta, y se distribuiría mejor la ocupación hotelera el día de la prueba. De hecho, iniciativas como esta pueden ser un atractivo turístico importante, y sostenible, para comarcas como el Sobrarbe, cuya promoción no debiera nunca hacer peligrar su patrimonio natural, sino todo lo contrario, ya que es un tesoro de incomparable valor. A mí me encantaría ver más bicis recorriendo las pistas y carreterillas secundarias del Sobrarbe. Y pruebas como la Quebrantahuesos han demostrado que pueden atraer hasta a 16000 participantes potenciales...
Yo no alcanzo a más que poner negro sobre blanco la idea tal como se me apareció, y ofrecerla desde aquí a cualquiera que le guste para empujarla, reenviarla, apoyarla y/o hacerla realidad. Tanto si se materializa como si no, personalmente mantendré la "costumbre" de hacerla anualmente. Si puedo, el año que viene haré el recorrido más amplio, 1c-2p-3c-4c-4px-5c-6p, que son unos 160 km y 3400 m de ascenso acumulado. ¿Alguien se apunta?
Publicado el
27.8.10
Renacer
De vez en cuando me vienen cosas a la cabeza para contarlas aquí, pero últimamente esas ideas se me mueren y se van al otro mundo (si existiera) con alguna neurona que ya no da más de si.
Por ejemplo, quería comentar sobre el (todavía no) recién estrenado carril bici del segundo cinturón de Zaragoza, que por su variado trazado recoge casi todos los ejemplos "de libro" sobre carriles bici. Lástima que también recoge los del capítulo "Errores frecuentes y muy peligrosos", a ver si se pueden remediar antes de que haya que lamentarlos.
Y a raíz de eso también quería hablar sobre la siempre polémica necesidad (o no) de carriles bici, cosa de la que ya he hablado otras veces, pero que recientemente he visto (leyendo un mensaje en la lista de Pedalibre) desde un nuevo ángulo: no es que los ciclistas habituales nos creamos superiores a nadie al decir que a nosotros no nos hacen falta los carriles bici, sino que nos gusta tanto ir en bici que seguiremos pedaleando con o sin ellos.
Los carriles bici, a mi entender, para lo que sirven (además de para quitarle espacio a los coches) es para que nueva gente se anime a coger la bici. Si no eres ya ciclista habitual, posiblemente no te guste tanto (todavía) ir en bici, así que necesitas que te lo pongan bien fácil. (En mi caso "necesité" que mis primeros trayectos habituales tuviesen grandes aceras ciclables y algún carril bici.) Una vez que ya te has animado a pedalear, cualquiera puede ir en bici por la calzada, sólo es imprescindible un suficiente dominio de la bici, un buen conocimiento del tráfico propio de tu ciudad, mantener la concentración, aplicar unas reglas básicas de autodefensa (especialmente la de ir por el centro de tu carril) y, desde luego, que no te inmuten los insultos que eventualmente te llegarán. Dominando estas técnicas, algunas de las cuales sólo se pueden aprender practicando (en condiciones suficientemente seguras y progresivamente más exigentes, como cualquier aprendizaje que se precie), llegas a tu destino de la forma más rápida, y es posible que aún disponiendo de carriles bici en tu ciudad pases a veces de ellos y escojas otros trayectos que te resulten más convenientes. Yo ahora lo hago incluso yendo con dos niños (13 y 9 años) en sus bicis. Y lo podríamos hacer más y mejor si el tráfico estuviese más pacificado, que afortunadamente lo va estando.
Ya digo que esto es un asunto polémico. Para zanjarlo, en Scientific American sugieren que preguntemos a las mujeres (¡sería mucho más útil que polemizar con un señor calvo con mala leche!). Yo últimamente veo muchas más mujeres en bici por Zaragoza, sobre todo por las aceras y carriles bici, aunque también, en cantidad levemente creciente, por la calzada, eso sin contar a las ciclo-heroínas urbanas "de toda la vida"... A mí me sirve como respuesta.
Y otra cosa que quería contar es que me hizo mucha gracia una respuesta a una de esas típicas preguntas a los ciclistas sobre el frío, el calor, la lluvia, el viento, los bultos, las cuestas, los robos, la forma física, el casco, los carriles bici... La respuesta era: "a mí lo que más me molesta es tener que estar siempre dando explicaciones". Bueno, a mí me gusta dar explicaciones, conversación que no falte, pero no le falta razón.
Pero no desarrollaré (más, al menos por ahora) estos temas, sino que iré, por fin, al que me ha sentado delante del teclado, que algo tiene que ver con casi todo lo anterior. El otro día un gran amigo, ciclista y ciclista urbano (el que más sale en las fotos de este blog), fue arrollado por un coche cuando pedaleaba por la calzada en una rotonda, yendo a trabajar a las 7:30, con luces y chaleco reflectante. Él no sabe cómo fue, ya que le dieron por detrás. No vio nada, sólo se vio de repente en el suelo, sobre el que cayó de espaldas. Milagrosamente (está tan fornido que) no se rompió nada, sólo está dolorido y magullado. Pero durante unos angustiosos minutos eternos mi amigo estuvo tumbado en la calzada sin moverse, pensando si se podría volver a levantar, angustia que se prolongó en la ambulancia y el hospital hasta que llegaron los tranquilizadores resultados. Cuando yo me enteré, ya "sólo había sido un susto", pero todavía si lo pienso me da un escalofrío. Cuando pasan estas cosas no puedes evitar pensar que has vuelto a nacer. Incluso si no te pasan a ti sino a alguien a quien quieres te parece que empieza una nueva partida en el gran juego de la vida.
Amigos, compañeros: ¡disfruten del juego, y cuídense mucho!
Publicado el
26.12.09
Gente corriente (o pedaleante)
Recientemente leía que en la masa crítica interplanetaria algunas personas animaban y coreaban a los participantes calificándolos "hippies". Otros les increpaban más o menos con el mismo término. El asunto suscita reflexiones entre los ciclistas, a las que me apunto. Perdón si me sale largo, aunque como esto no lo lee prácticamente nadie, igual da...
(Tengo pendiente escribir sobre por qué escribir, motivado por ausencias temporales de bloggers amigos, reales o amenazadas, y por una reciente columna de Julio Ordovás que me gustó especialmente.)
A mí los hippies, y versiones más modernas de la misma conciencia, me parecen estupendos, y en muchísimos casos, detrás del empuje persistente en favor de la bici, están muchos de ellos. Aunque no lo reclamen ni lo busquen, esos idealistas sí merecen el agradecimiento de todos, incluso de las viejecitas que les increpan y que a la vez disfrutan de calles más tranquilas.
Pero es cierto que la bici pasará (ya está pasando, o ya ha pasado) a ser cosa de "gente corriente", y más vale, claro. Por lo tanto, sin renunciar a nosotros mismos, creo que debemos dar la imagen más integradora y más "invitadora" de que seamos capaces.
En la tele local, precisamente, sacaron el otro día un mini-reportaje sobre la bici en Zaragoza, y me sorprendió bastante, tanto el ya comentado interés que los medios están mostrando últimamente (a consecuencia de los hechos de incremento sustancial y evidente del número de bicis en las calles, todo hay que decirlo), como el enfoque que le dieron.
Parece ser que tenían la intención de transmitir que era muy difícil o imposible moverse en bici por el centro, o que era cosa de gente excepcional. Pero por lo visto el hombrecillo al que entrevistaban, que tiene unas pintas bastante corrientes, se empeño en que lo hicieran pedaleando continuamente por la calzada en el centro. Ciertamente sólo echo de menos que destacase más lo bien que ya se puede pedalear por las calles estrechas, donde tenemos preferencia de hecho, y nos la van a reconocer explícitamente en la nueva ordenanza, o que se quejase de que las estaciones de BiZi de alquiler mostradas en el reportaje estuviesen en medio de aceras concurridas, o que al explicar que en bici llegas antes a los sitios no argumentase el asunto del tiempo no-perdido para aparcar, o, sobre todo, que aparte de demostrarlo con el ejemplo dijese lo importante que es para la seguridad ocupar el centro del carril... Aunque tal vez sí lo dijo, pero no todo sale en el vídeo, no sé. Aquí os lo pongo (son sólo los primeros cuatro minutos, el resto son otros reportajes):
Y sigo explorando otras facetas del concepto "gente corriente". Ayer mi mejor amiga ciclista (la mejor ciclista entre mis amigas, mi mejor amiga entre las ciclistas) nos invitó a una cenica entrañable. ¿Cómo? Pues recorriendo unos 50 km en bici (el ya narrado ascenso al fondo del mar), por la tarde y noche, y luego sacando de sus alforjas modelo "Mary Poppins" unos tuppers con empanada y ensalada de tomate, una botella de buen vino, con fresas y una crema de orujo para terminar. Dimos buena cuenta de todo, en el parque de Cuarte, y regresamos. A mí esta forma de celebrar un cumpleaños no me parece nada corriente, de hecho creo que era la primera vez que hacía una excursión en bici de noche, o que cenaba de tupper en un parque. Pero, si digo la verdad, creo que si hay algún problema con que no sea corriente, lo tienen los demás por perdérselo, ya que hacer cosas así está al alcance de cualquiera, hace falta poco más que estar vivo.
Pero es cierto que la bici pasará (ya está pasando, o ya ha pasado) a ser cosa de "gente corriente", y más vale, claro. Por lo tanto, sin renunciar a nosotros mismos, creo que debemos dar la imagen más integradora y más "invitadora" de que seamos capaces.
En la tele local, precisamente, sacaron el otro día un mini-reportaje sobre la bici en Zaragoza, y me sorprendió bastante, tanto el ya comentado interés que los medios están mostrando últimamente (a consecuencia de los hechos de incremento sustancial y evidente del número de bicis en las calles, todo hay que decirlo), como el enfoque que le dieron.
Parece ser que tenían la intención de transmitir que era muy difícil o imposible moverse en bici por el centro, o que era cosa de gente excepcional. Pero por lo visto el hombrecillo al que entrevistaban, que tiene unas pintas bastante corrientes, se empeño en que lo hicieran pedaleando continuamente por la calzada en el centro. Ciertamente sólo echo de menos que destacase más lo bien que ya se puede pedalear por las calles estrechas, donde tenemos preferencia de hecho, y nos la van a reconocer explícitamente en la nueva ordenanza, o que se quejase de que las estaciones de BiZi de alquiler mostradas en el reportaje estuviesen en medio de aceras concurridas, o que al explicar que en bici llegas antes a los sitios no argumentase el asunto del tiempo no-perdido para aparcar, o, sobre todo, que aparte de demostrarlo con el ejemplo dijese lo importante que es para la seguridad ocupar el centro del carril... Aunque tal vez sí lo dijo, pero no todo sale en el vídeo, no sé. Aquí os lo pongo (son sólo los primeros cuatro minutos, el resto son otros reportajes):
Y sigo explorando otras facetas del concepto "gente corriente". Ayer mi mejor amiga ciclista (la mejor ciclista entre mis amigas, mi mejor amiga entre las ciclistas) nos invitó a una cenica entrañable. ¿Cómo? Pues recorriendo unos 50 km en bici (el ya narrado ascenso al fondo del mar), por la tarde y noche, y luego sacando de sus alforjas modelo "Mary Poppins" unos tuppers con empanada y ensalada de tomate, una botella de buen vino, con fresas y una crema de orujo para terminar. Dimos buena cuenta de todo, en el parque de Cuarte, y regresamos. A mí esta forma de celebrar un cumpleaños no me parece nada corriente, de hecho creo que era la primera vez que hacía una excursión en bici de noche, o que cenaba de tupper en un parque. Pero, si digo la verdad, creo que si hay algún problema con que no sea corriente, lo tienen los demás por perdérselo, ya que hacer cosas así está al alcance de cualquiera, hace falta poco más que estar vivo.
Publicado el
9.5.09
Tres razones para ser feliz hoy
Estaba dudando si comentar un poco más la buena noticia de la aprobación de la ordenanza, que entrará en vigor en mayo. Pero casi que esperamos a esa entrada en vigor, y su desarrollo, porque en el papel está casi perfecta, no hay mucho que decir. Algunos ciclistas que no la conocen más que por los titulares de prensa han sacado conclusiones parciales, o directamente erróneas, como que los echan de la acera, o les obligan a llevar casco. Para eso la copiaba íntegramente en su día, la podéis leer aquí.
También había otra noticia reciente que merecía comentario, la aprobación del informe de la europarlamentaria verde Margrete Auken, asunto que ya sabéis que tiene que ver marginalmente con el tema de este blog... Afortunadamente, no tengo que trabajarmelo, y os puedo recomendar en su lugar una visita a un blog que frecuento, donde le dedican una entrada: el informe Auken, en Barracuda. A algunos esta noticia les ha molestado mucho, a otros les ha puesto nerviosos. A mí, la verdad, me alegra, y espero que sirva para algo, por ejemplo para frenar las tropelías con que amenazan a Aragón sus propios goObernantes, en Pirineos o en Monegros.
(ACTUALIZACIÓN 31/3: no soy el único que lo desea.)
Pero me voy a ir por los cerros deÚbeda Paniza para "replicar" a un blog que frecuento aún más: recientemente Cucumber nos recomendaba una ruta mudéjar y otra hasta Daroca, ambas saliendo de Tobed. Lo tengo apuntado para cuando se pueda, que espero que sea pronto.
Pero hoy mismo, siguiendo planes cuidadosamente establecidos por nuestro maestro de ceremonias, hemos hecho una ruta por pistas y un poco de carretera por esa misma zona. A pesar del frío y un poco de nieve que nos han recibido en un día en el que quedar a las 9:00 era madrugar, hemos subido desde Cerveruela hasta el Santuario de Nuestra Señora del Águila, y de allí hemos bajado por estupendos pinares y luego por una carretera tan preciosa que incuso está balizada como sendero PR. Este tramo de carretera discurre por el valle alto del Huerva. Si sólo conocéis este río-cloaca a su paso por Zaragoza, de verdad que merece la pena ir a verlo en sus orígenes. Para terminar, hemos ido a comernos el bocata y unas tapas a Paniza, al bar del Buen Humor, que se encuentra justo enfrente de la iglesia. Mudéjar, por supuesto.
Entre otras cosas hemos charlado sobre el índice de felicidad, que deja en primer lugar a países como Colombia o Costa Rica. Tal vez no sea tanto el dinero como la capacidad de disfrutar de la vida, incluso frente a las adversidades, lo que da la felicidad...
Os dejo con unas fotos:
También había otra noticia reciente que merecía comentario, la aprobación del informe de la europarlamentaria verde Margrete Auken, asunto que ya sabéis que tiene que ver marginalmente con el tema de este blog... Afortunadamente, no tengo que trabajarmelo, y os puedo recomendar en su lugar una visita a un blog que frecuento, donde le dedican una entrada: el informe Auken, en Barracuda. A algunos esta noticia les ha molestado mucho, a otros les ha puesto nerviosos. A mí, la verdad, me alegra, y espero que sirva para algo, por ejemplo para frenar las tropelías con que amenazan a Aragón sus propios goObernantes, en Pirineos o en Monegros.
(ACTUALIZACIÓN 31/3: no soy el único que lo desea.)
Pero me voy a ir por los cerros de
Pero hoy mismo, siguiendo planes cuidadosamente establecidos por nuestro maestro de ceremonias, hemos hecho una ruta por pistas y un poco de carretera por esa misma zona. A pesar del frío y un poco de nieve que nos han recibido en un día en el que quedar a las 9:00 era madrugar, hemos subido desde Cerveruela hasta el Santuario de Nuestra Señora del Águila, y de allí hemos bajado por estupendos pinares y luego por una carretera tan preciosa que incuso está balizada como sendero PR. Este tramo de carretera discurre por el valle alto del Huerva. Si sólo conocéis este río-cloaca a su paso por Zaragoza, de verdad que merece la pena ir a verlo en sus orígenes. Para terminar, hemos ido a comernos el bocata y unas tapas a Paniza, al bar del Buen Humor, que se encuentra justo enfrente de la iglesia. Mudéjar, por supuesto.
Entre otras cosas hemos charlado sobre el índice de felicidad, que deja en primer lugar a países como Colombia o Costa Rica. Tal vez no sea tanto el dinero como la capacidad de disfrutar de la vida, incluso frente a las adversidades, lo que da la felicidad...
Os dejo con unas fotos:
Publicado el
29.3.09
Despedida de Tres en Un Burro
Hace unos dos años un amigo me dejó su Brompton para volver a casa una noche de jueves. (Casualmente anteayer me la tuvo que volver a prestar.) Antes de aquello, yo le veía tan relajado y feliz en su bici que le envidiaba (sanamente) mientras pensaba que mientras que tuviese que llevar a los peques al cole yo no podría hacer lo mismo.
El viernes de aquel jueves hace casi dos años le tenía que devolver la bici, así que me dispuse a caminar con ella al lado hasta el cole, y luego ir al trabajo en bici. A los cinco minutos, y ante la perspectiva de andar media hora con la bici al lado, pensé: "¿No nos podríamos subir los tres?". Aquella ocurrencia me cambió bastante la vida, como ya he contado aquí desde el primer momento.
Hoy ha sido seguramente el último día que nos hemos subido los tres a la bici. Hace mucho que no lo hacíamos, pero estaba pendiente poner una foto prometida...
Por una parte me entristece. Como cuando empaqueté la mochila de llevar niños en las excursiones. Son páginas de un libro que sabes que ya no vas a volver a leer. Creo que hoy he estado algo irritable...
Pero, en realidad, si lo pienso bien, me alegra mucho más de lo que me entristece. Uno a uno, mis hijos se bajaron de mi bici en poco tiempo, para subirse en las suyas. El de 12 años pedalea sin manos, con la típica mochila destroza-espaldas-infantiles en la barquilla, como un auténtico bicicletero, y gana en verano carreras a chicos mayores y mucho más grandes que él. La de 8, además de ir en su bici al cole, también puede subir a Guaso desde L'Aínsa, cuando algunas amiguitas suyas apenas han abandonado los rodines. En una de las fotos la véis en la plegable de su madre, que también se apuntó a pedalear a la primera ocasión, y que es quien nos ha hecho las fotos con santa paciencia, siguiendo mis crípticas indicaciones ("sólo tienes que mantener disparado mientras nos sigues con el objetivo, que no nos movamos del cuadro, cuando nos vamos acercando puedes abrir el zoom, bueno mejor eso lo dejamos...").
Y, lentamente, se van añadiendo otro ciclista urbano más, y otro, y otro... con el poder que tiene el ejemplo, el ejemplo de mi amigo, mi ejemplo, el ejemplo de Juan, el de Isa, tu ejemplo.
El viernes de aquel jueves hace casi dos años le tenía que devolver la bici, así que me dispuse a caminar con ella al lado hasta el cole, y luego ir al trabajo en bici. A los cinco minutos, y ante la perspectiva de andar media hora con la bici al lado, pensé: "¿No nos podríamos subir los tres?". Aquella ocurrencia me cambió bastante la vida, como ya he contado aquí desde el primer momento.
Hoy ha sido seguramente el último día que nos hemos subido los tres a la bici. Hace mucho que no lo hacíamos, pero estaba pendiente poner una foto prometida...
Por una parte me entristece. Como cuando empaqueté la mochila de llevar niños en las excursiones. Son páginas de un libro que sabes que ya no vas a volver a leer. Creo que hoy he estado algo irritable...
Pero, en realidad, si lo pienso bien, me alegra mucho más de lo que me entristece. Uno a uno, mis hijos se bajaron de mi bici en poco tiempo, para subirse en las suyas. El de 12 años pedalea sin manos, con la típica mochila destroza-espaldas-infantiles en la barquilla, como un auténtico bicicletero, y gana en verano carreras a chicos mayores y mucho más grandes que él. La de 8, además de ir en su bici al cole, también puede subir a Guaso desde L'Aínsa, cuando algunas amiguitas suyas apenas han abandonado los rodines. En una de las fotos la véis en la plegable de su madre, que también se apuntó a pedalear a la primera ocasión, y que es quien nos ha hecho las fotos con santa paciencia, siguiendo mis crípticas indicaciones ("sólo tienes que mantener disparado mientras nos sigues con el objetivo, que no nos movamos del cuadro, cuando nos vamos acercando puedes abrir el zoom, bueno mejor eso lo dejamos...").
Y, lentamente, se van añadiendo otro ciclista urbano más, y otro, y otro... con el poder que tiene el ejemplo, el ejemplo de mi amigo, mi ejemplo, el ejemplo de Juan, el de Isa, tu ejemplo.
(Suena una versión para saxo alto de Imagine en mi ordenador.)
Publicado el
1.11.08
Disculpas
Como les pasa a otros amiblogs, aunque por distintos motivos, voy a tener este blog algo menos atendido que de costumbre (que ya es decir).
Tengo pendiente escribir unos interesantísimos artículos titulados:

Y, hablando de disculpas, os reproduzco un diálogo que he tenido hoy en el mostrador de admisión de un centro médico, al que había acudido con mi bici después de dejar a los chicos en el cole (lo que era muy obvio, llevaba casco, guantes sin dedos, pinza de pantalón, y chubasquero, que ayer llovió y hoy no estaba la cosa clara).
Entra un señor preguntando quién ha dejado un coche en doble fila, que está molestando para la entrada y salida en un aparcamiento público, del que luego descubrimos que él es el conserje (le llamaremos Sr. Aconserjado).
Le responde un hombre "bastante grueso" (le llamaremos Sr. Egordista) de los que estaban en el mostrador, diciendo que el coche es suyo, que lo ha dejado ahí porque "era un momento" y "no había sitio" (atención, repito que ¡estaba obstruyendo la entrada de un aparcamiento público, en una calle que es zona azul! con dos cojones (cuadrados)...), que tal como lo ha dejado tampoco molesta tanto, y que ya lo quitará, cuando acabe.
El Sr. Aconserjado le dice que hay varios coches esperando y se le quejan a él (así es como descubrimos que es el conserje del aparcamiento público).
El Sr. Egordista le corta con un amable: "Déjeme en paz, que yo tengo cosas importantes que hacer, si usted se aburre y no tiene otra cosa que hacer que ir molestando a la gente, haga lo que tenga que hacer".
El Sr. Aconserjado se va. Espero que a llamar a la grúa o a pincharle las ruedas al coche dichoso.
Y entonces empieza el diálogo que os quería contar, con la mujer que tengo al lado, en la cola, que me dice:
- ¡Desde luego, hay gente que no hace más que incordiar!
- (Sospechando que se refiere al Sr. Aconserjado, me hago el loco) Sí, mira que dejar el coche mal aparcado, molestando, ¡lo que hay que ver!
- (Cambio de gesto, y tono defensivo) Pero es que si tienes que ir en coche y no hay sitio, ¿qué vas a hacer?
- (Candorosamente) No sé, venir en autobús, en bici, andando, en taxi, aparcar en un aparcamiento...
- (Dubitativa) Bueno, pero eso a veces no es posible.
- (Más candorosamente) Pero muchas veces sí. Yo llevo dos años haciéndolo.
- (Pensando tierra trágame) Ya, bueno, no sé si será el caso, yo no sé este señor, pero claro, tampoco vas a meter el coche en un aparcamiento para un rato.
- (Infinitamente candorosamente) Pero... si cobran por minutos, ¿por qué no?
Se queda con cara de pensar (o eso creo/espero): "no puedo decir que para no perder tiempo y dinero, porque entonces tendría que haber empezado NO cogiendo el coche".
Pero afortunadamente en ese momento nos toca a ambos avanzar en la fila y que nos atiendan.
Ya que estamos en el médico, me despido deseándole salud.
(Se la deseo sinceramente, por supuesto, aunque, en el fondo, yo sé que ese deseo es también una indirecta: "desengánchate del coche".)
Tengo pendiente escribir unos interesantísimos artículos titulados:
- Tres en un burro (espero una foto mía y otra de un amiblog nuevo)
- Distribución de premios CTDE (ya tengo a tres nominados)
- La i-Lógica del tráfico (en tiempos de i-Phones, i-Tunes, etc...)
- Toreando el tráfico (homenaje a El Baulero, que debo desde hace un montón de tiempo)
- Un carril bici perfecto (tomado de aquí, sólo le quiero "hacer campaña")

Y, hablando de disculpas, os reproduzco un diálogo que he tenido hoy en el mostrador de admisión de un centro médico, al que había acudido con mi bici después de dejar a los chicos en el cole (lo que era muy obvio, llevaba casco, guantes sin dedos, pinza de pantalón, y chubasquero, que ayer llovió y hoy no estaba la cosa clara).
Entra un señor preguntando quién ha dejado un coche en doble fila, que está molestando para la entrada y salida en un aparcamiento público, del que luego descubrimos que él es el conserje (le llamaremos Sr. Aconserjado).
Le responde un hombre "bastante grueso" (le llamaremos Sr. Egordista) de los que estaban en el mostrador, diciendo que el coche es suyo, que lo ha dejado ahí porque "era un momento" y "no había sitio" (atención, repito que ¡estaba obstruyendo la entrada de un aparcamiento público, en una calle que es zona azul! con dos cojones (cuadrados)...), que tal como lo ha dejado tampoco molesta tanto, y que ya lo quitará, cuando acabe.
El Sr. Aconserjado le dice que hay varios coches esperando y se le quejan a él (así es como descubrimos que es el conserje del aparcamiento público).
El Sr. Egordista le corta con un amable: "Déjeme en paz, que yo tengo cosas importantes que hacer, si usted se aburre y no tiene otra cosa que hacer que ir molestando a la gente, haga lo que tenga que hacer".
El Sr. Aconserjado se va. Espero que a llamar a la grúa o a pincharle las ruedas al coche dichoso.
Y entonces empieza el diálogo que os quería contar, con la mujer que tengo al lado, en la cola, que me dice:
- ¡Desde luego, hay gente que no hace más que incordiar!
- (Sospechando que se refiere al Sr. Aconserjado, me hago el loco) Sí, mira que dejar el coche mal aparcado, molestando, ¡lo que hay que ver!
- (Cambio de gesto, y tono defensivo) Pero es que si tienes que ir en coche y no hay sitio, ¿qué vas a hacer?
- (Candorosamente) No sé, venir en autobús, en bici, andando, en taxi, aparcar en un aparcamiento...
- (Dubitativa) Bueno, pero eso a veces no es posible.
- (Más candorosamente) Pero muchas veces sí. Yo llevo dos años haciéndolo.
- (Pensando tierra trágame) Ya, bueno, no sé si será el caso, yo no sé este señor, pero claro, tampoco vas a meter el coche en un aparcamiento para un rato.
- (Infinitamente candorosamente) Pero... si cobran por minutos, ¿por qué no?
Se queda con cara de pensar (o eso creo/espero): "no puedo decir que para no perder tiempo y dinero, porque entonces tendría que haber empezado NO cogiendo el coche".
Pero afortunadamente en ese momento nos toca a ambos avanzar en la fila y que nos atiendan.
Ya que estamos en el médico, me despido deseándole salud.
(Se la deseo sinceramente, por supuesto, aunque, en el fondo, yo sé que ese deseo es también una indirecta: "desengánchate del coche".)
Publicado el
8.10.08
El lado oscuro
Leo una carta a un automovilista que envía Juan Merallo, que viene a ser el bicicletero mayor del reino, si se me permite la expresión. (Si alguien que lee esto no lo conoce, recomiendo su blog, y también la lista de correo de pedalibre, donde aparte de cosas más locales hay interesantes reflexiones de personas que escriben sus blogs, como Roberto, y de otras que ojalá lo hicieran, como Iñaki.)
El asunto de su carta me ha dado bastante que pensar a lo largo de este año y pico que tengo de vida, por lo que iba a hacerle un comentario, pero enseguida se me ha ido de las manos, y he pensado que mejor lo desarrollaba aquí, ya que era uno de los temas que tenía en el tintero.
Normalmente he "hablado" sobre esto en debates con cochistas, y en comentarios de noticias sobre la bicicleta en Zaragoza de El Periódico de Aragón, cuya edición digital tiene cierto éxito.
Se pregunta Juan, algo retóricamente, a qué puede deberse este comportamiento de los conductores. Tratando de sintetizar, yo creo que estas son las tres causas principales, por orden de mayor a menor importancia relativa:
El asunto de su carta me ha dado bastante que pensar a lo largo de este año y pico que tengo de vida, por lo que iba a hacerle un comentario, pero enseguida se me ha ido de las manos, y he pensado que mejor lo desarrollaba aquí, ya que era uno de los temas que tenía en el tintero.
Normalmente he "hablado" sobre esto en debates con cochistas, y en comentarios de noticias sobre la bicicleta en Zaragoza de El Periódico de Aragón, cuya edición digital tiene cierto éxito.
Se pregunta Juan, algo retóricamente, a qué puede deberse este comportamiento de los conductores. Tratando de sintetizar, yo creo que estas son las tres causas principales, por orden de mayor a menor importancia relativa:
- Complejo de inferioridad y envidia. Muchos conductores, cada vez más, se dan cuenta al ver a un ciclista que éste se desplaza de forma más saludable, rápida, económica y estética. Se dan cuenta de que ellos no lo hacen por una mezcla de pereza y miedo, y eso les hace desear la desgracia del ciclista. No me refiero a la desgracia física, aunque en los comentarios del periódico uno de estos deseó pasarme por encima con su coche si pudiera. Me refiero a la victoria sobre el objeto de su envidia: adelantarle, arrinconarle, cerrarle el paso, lo que sea para que no resulte tan dolorosamente superior.
- Alienación. Hay gente que llega a interiorizar tan bien los mandamientos del sistema en que vive que trata de imponerlos a los disidentes que tiene alrededor, sin ni siquiera cobrar por ello. Esos mandamientos dicen: consume, apresúrate, compite, domina, presume, aprovéchate. ¿Cómo puede haber en el mundo gente que "pudiendo permitírselo" no vaya en coche? ¿Cómo se puede tener un buen coche aparcado en el garaje, sin exhibirlo? ¿A quién se le ocurriría ir en autobús o en bici o andando, como un pobretón? Y otras variantes más o menos estúpidas: Pues que paguen impuesto de circulación. Pues que no se salten los semáforos. Pues que vayan sólo por los carriles bici. Etcétera. De esta actitud tengo otro ejemplo que no tiene mucho que ver, pero que ahora se está poniendo tímidamente de moda: ¿Quién es tan desgraciado que tiene que beber agua del grifo? (Esto es muy sangrante, sobre todo si pensamos en todos los que tampoco tienen agua del grifo.)
- Enajenación mental transitoria. Esto lo tendría que decir mejor un psiquiatra. No sé qué combinación del aislamiento producido al estar en una celda de metal y cristal, unida a la impotencia de no poder moverse libremente a pesar de tener kilowatios literalmente a nuestros pies, hace que personas perfectamente normales se conviertan en temibles monstruitos. Ya digo que no sé los detalles del mecanismo, pero estoy seguro de que sucede. Y lo estoy porque me pasa a mí mismo. Y, cuando me pasa, desde una vez cuyos detalles me abstendré de contar, oigo un coro de voces (mi familia) que dicen con cierto retintín: "El lado oscuro de Don Biciclote". Nos reimos y se me pasa inmediatamente. Aunque yo, en el fondo, noto como no se pasa tan inmediatamente...
Publicado el
30.6.08
Valencia en bici
Este último puente nos fuimos a Valencia con los hijos pequeños (los que van al cole en bici) de visita familiar y para satisfacer la curiosidad viajera del mediano, que es el de los auriculares de guasa (en las fotos).
Metimos nuestras dos bicis plegables y sus dos BTT (de 20" y 24") en el maletero, con la ropa y demás bártulos, y allá que nos fuimos, estrenando la autovía continua, que ya era hora de tener una comunicación decente, ahora sólo nos faltaría un tren en condiciones.

Valencia es una ciudad bastante curiosa. Se podría hablar de sus extravagancias hidrológicas o constructoras, que viene a ser más o menos lo mismo, pero eso se saldría del tema, así que intentaré (con poco éxito) no decir nada. También se puede hablar del tráfico. Espero que en Valencia ningún conductor se queje de que los ciclistas se salten los semáforos en rojo, dejen la bici en cualquier lado o vayan por la acera, pues son cosas que los automovilistas también hacen con frecuencia.
Incumplir las normas es la única norma que se respeta universalmente, y como observador conjeturo que la causa es el poco empeño que se pone en hacerlas cumplir. Por ejemplo: en el Oceanográfico se repite por los altavoces en varios idiomas cada cinco minutos que no se hagan fotos con flash. Sin embargo los destellos son continuos, y bien fáciles de localizar, pero nunca ví a nadie llamar la atención a los infractores. Poner una y otra vez el mensaje grabado debe de ser más barato y cómodo. Tanto como inútil.
Así que, con esta cultura cívica, no es de extrañar ver a los ciclistas hacer cosas tales como saltarse un semáforo en rojo al atardecer, sin luces, viniendo un bus por el cruce. O pedalear a más de 30 km/h por el Parque del Turia, por el carril de la acera compartida con los abundantes peatones y niños propios de una mañana festiva de la más benigna primavera, o por el césped, que ya tiene varios "senderos" así marcados.
También espero que nadie proteste por el gasto en "construir", digo pintar, carriles bici, tan útiles para aparcar en ellos con menos complejos que en una acera normal. Supongo que no llegan los euros para otra cosa, ni para separar el carril bus, ni para actualizar el sistema de bonobús por algo más moderno y multimodal. Pero no será porque no hay euros metidos en la construcción.
Estos días está todo patas arriba. Tratar de moverse en coche es de locos. Supongo que es para facilitar que se haga caso de esta campaña, que aplaudimos.
Pensaréis que no nos ha gustado Valencia. Pues estáis totalmente equivocados. Ya he dicho que es una ciudad muy curiosa. Una de las cosas más espectaculares que se pueden hacer en Valencia es "viajar" del pasado al futuro bajando por una rampa. Arriba el caos de tráfico, el ruido, la contaminación, el asfalto, el cemento. Te deslizas con tu bici (o caminando) rampa abajo y te metes en el Parque del Turia, por el que puedes ir de un extremo a otro de la ciudad entre árboles, fuentes, parques infantiles, campos de deporte, terrazas, etc, oyendo el canto de los pájaros y el rumor del agua, escogiendo entre sol o sombra, o parando a contemplar el paisaje. El Parque del Turia tiene una interesante historia. Tras una inundación del río Turia, que normalmente ni llega al mar de "tan bien que se aprovecha", se decidió desviarlo por el Sur de la ciudad. Esperemos que el río esté siempre de acuerdo. El caso es que el antiguo cauce se ha convertido en el gran parque lineal de Valencia (tras salvarse de convertirse en una gran autovía) y es la bendición del viajero, o el oriundo, que se quiere mover por Valencia en bici. Son unos quince kilómetros por los que puedes desplazarte con toda la seguirdad y placer del mundo desde la superfashion Ciudad de las Artes y las Ciencias, hasta el recién inaugurado zoológico (Bioparc) y los lagos que hay en sus cercanías, pasando por el casco histórico señalado por las Torres de los Serranos. Y si quieres visitar el casco, con su magnífica catedral y alrededores, sus encantadoras callejuelas, iglesias, universidad vieja, palacios, estupendos edificios modernistas, etc, también lo puedes hacer en bici, pues muchas de sus calles son peatonales o con tráfico calmado, como indican en este estupendo mapa. Y si quieres que te lo muestren y expliquen (en inglés), a la vez que conoces a gentes de diversas procedencias, te puedes apuntar a una visita con guía que sale todos los días desde hace unos años, a las diez de la mañana, en Valencia bikes.
Comparto con vosotros una selección de fotos.
En fin, que nos ha encantado, hemos pasado unos días fantásticos, unos días más felices de nuestras vidas (esto lo tengo que explicar en otra ocasión).
Nos hemos quedado con ganas de volver, cuando Rita encuentre el tesoro que parece que está buscando.
Y, si es en verano, también iremos a la playa de la Malvarrosa, y recorreremos el paseo marítimo.
En bici, por supuesto.
Metimos nuestras dos bicis plegables y sus dos BTT (de 20" y 24") en el maletero, con la ropa y demás bártulos, y allá que nos fuimos, estrenando la autovía continua, que ya era hora de tener una comunicación decente, ahora sólo nos faltaría un tren en condiciones.
Valencia es una ciudad bastante curiosa. Se podría hablar de sus extravagancias hidrológicas o constructoras, que viene a ser más o menos lo mismo, pero eso se saldría del tema, así que intentaré (con poco éxito) no decir nada. También se puede hablar del tráfico. Espero que en Valencia ningún conductor se queje de que los ciclistas se salten los semáforos en rojo, dejen la bici en cualquier lado o vayan por la acera, pues son cosas que los automovilistas también hacen con frecuencia.
Incumplir las normas es la única norma que se respeta universalmente, y como observador conjeturo que la causa es el poco empeño que se pone en hacerlas cumplir. Por ejemplo: en el Oceanográfico se repite por los altavoces en varios idiomas cada cinco minutos que no se hagan fotos con flash. Sin embargo los destellos son continuos, y bien fáciles de localizar, pero nunca ví a nadie llamar la atención a los infractores. Poner una y otra vez el mensaje grabado debe de ser más barato y cómodo. Tanto como inútil.
Así que, con esta cultura cívica, no es de extrañar ver a los ciclistas hacer cosas tales como saltarse un semáforo en rojo al atardecer, sin luces, viniendo un bus por el cruce. O pedalear a más de 30 km/h por el Parque del Turia, por el carril de la acera compartida con los abundantes peatones y niños propios de una mañana festiva de la más benigna primavera, o por el césped, que ya tiene varios "senderos" así marcados.
También espero que nadie proteste por el gasto en "construir", digo pintar, carriles bici, tan útiles para aparcar en ellos con menos complejos que en una acera normal. Supongo que no llegan los euros para otra cosa, ni para separar el carril bus, ni para actualizar el sistema de bonobús por algo más moderno y multimodal. Pero no será porque no hay euros metidos en la construcción.
Estos días está todo patas arriba. Tratar de moverse en coche es de locos. Supongo que es para facilitar que se haga caso de esta campaña, que aplaudimos.
Pensaréis que no nos ha gustado Valencia. Pues estáis totalmente equivocados. Ya he dicho que es una ciudad muy curiosa. Una de las cosas más espectaculares que se pueden hacer en Valencia es "viajar" del pasado al futuro bajando por una rampa. Arriba el caos de tráfico, el ruido, la contaminación, el asfalto, el cemento. Te deslizas con tu bici (o caminando) rampa abajo y te metes en el Parque del Turia, por el que puedes ir de un extremo a otro de la ciudad entre árboles, fuentes, parques infantiles, campos de deporte, terrazas, etc, oyendo el canto de los pájaros y el rumor del agua, escogiendo entre sol o sombra, o parando a contemplar el paisaje. El Parque del Turia tiene una interesante historia. Tras una inundación del río Turia, que normalmente ni llega al mar de "tan bien que se aprovecha", se decidió desviarlo por el Sur de la ciudad. Esperemos que el río esté siempre de acuerdo. El caso es que el antiguo cauce se ha convertido en el gran parque lineal de Valencia (tras salvarse de convertirse en una gran autovía) y es la bendición del viajero, o el oriundo, que se quiere mover por Valencia en bici. Son unos quince kilómetros por los que puedes desplazarte con toda la seguirdad y placer del mundo desde la superfashion Ciudad de las Artes y las Ciencias, hasta el recién inaugurado zoológico (Bioparc) y los lagos que hay en sus cercanías, pasando por el casco histórico señalado por las Torres de los Serranos. Y si quieres visitar el casco, con su magnífica catedral y alrededores, sus encantadoras callejuelas, iglesias, universidad vieja, palacios, estupendos edificios modernistas, etc, también lo puedes hacer en bici, pues muchas de sus calles son peatonales o con tráfico calmado, como indican en este estupendo mapa. Y si quieres que te lo muestren y expliquen (en inglés), a la vez que conoces a gentes de diversas procedencias, te puedes apuntar a una visita con guía que sale todos los días desde hace unos años, a las diez de la mañana, en Valencia bikes.
Comparto con vosotros una selección de fotos.
En fin, que nos ha encantado, hemos pasado unos días fantásticos, unos días más felices de nuestras vidas (esto lo tengo que explicar en otra ocasión).
Nos hemos quedado con ganas de volver, cuando Rita encuentre el tesoro que parece que está buscando.
Y, si es en verano, también iremos a la playa de la Malvarrosa, y recorreremos el paseo marítimo.
En bici, por supuesto.
Publicado el
5.5.08
Las apariencias engañan
Un amigo y compañero me ha recordado hoy, al felicitarme el cumpleaños, que el domingo es el de otro amigo y compañero, al que ya me refería en el primer post de este curso. Precisamente fue éste quien me envió las fotos de Münster que quería comentar, así que aprovecho la ocasión para ponerlas de una vez.
La pregunta es: ¿los atascos tienen algún culpable?
Hasta ahora, las respuestas parecían estar bien claras:
Cantidad de espacio requerido para transportar a la misma cantidad de gente en coche, autobús o bicicleta. Ayuntamiento de Münster, Alemania.
Un autobusero decía, desde la "experiencia" que le daba pasar todo el día en las calles, que "todo el mundo va en coche".
Le respondí que mirase por el retrovisor de su bus articulado repleto de gente, y seguramente vería a tantas personas como las que había en todos los coches que alcanzaba a ver. (Cara de incredulidad.)
Que imaginase que no estuviesen esos coches. (Gesto de extrañeza.)
Y que por cada autobús hubiese cuatro o seis, bien gestionados. (Frotamiento de manos.)
La calle estaría prácticamente vacía y toda la gente iría cómodamente sentada, llegaría a tiempo a su destino, contaminando menos, consumiendo menos, con menos accidentes. (Suspiro anhelante.)
Bueno, vacía no, porque habría también más peatones y patinadores y bicicletas en el espacio recuperado para las personas. Personas que lo están esperando, pacientemente. Personas que ya se están echando tímidamente a la calle, y que no dejarán de aumentar, porque ahora es raro el caso del que habiendo probado la bici la deja. Ha pasado el invierno, durante el que no han desaparecido las bicis del pasado otoño particularmente benigno, y la recién llegada primavera está trayendo todavía más. Pedalear es muy adicitivo. Más que el fumar, porque en vez de oler peor y tener más tos, cada día estás mejor, más sano, más en forma, en mejor armonía contigo y con tu mundo.
¿Nos levarán nuestros gobernantes por este camino algún día? ¿Les vamos a esperar?
Más nos vale esperar sentados... en nuestras bicis.
La pregunta es: ¿los atascos tienen algún culpable?
Hasta ahora, las respuestas parecían estar bien claras:
- Los autobuses, que al parar interrumpen el tráfico.
- Las bicicletas, que van tan despacio.
- Los peatones, que no hacen más que cruzar de un lado a otro, incluso algunos se creen con derecho a hacerlo en lugares sin semáforos, ¡como si unas rayas en el suelo significasen algo!
- Los límites absurdos de velocidad, que hay quien propone incluso rebajar de 50 km/h a 30, alegando entre otras cosas que con eso prácticamente se eliminarían las muertes por atropello, pero que seguro que es para cobrar más multas y generar más atascos al ir los coches tan lentos, cuando todos sabemos que no hay problema por ir a 60, 80, ó 135.
- La ausencia de mayores y mejores infraestructuras, metros soterrados, avenidas de dimensiones amazónicas, túneles, etc.
Cantidad de espacio requerido para transportar a la misma cantidad de gente en coche, autobús o bicicleta. Ayuntamiento de Münster, Alemania.Un autobusero decía, desde la "experiencia" que le daba pasar todo el día en las calles, que "todo el mundo va en coche".
Le respondí que mirase por el retrovisor de su bus articulado repleto de gente, y seguramente vería a tantas personas como las que había en todos los coches que alcanzaba a ver. (Cara de incredulidad.)
Que imaginase que no estuviesen esos coches. (Gesto de extrañeza.)
Y que por cada autobús hubiese cuatro o seis, bien gestionados. (Frotamiento de manos.)
La calle estaría prácticamente vacía y toda la gente iría cómodamente sentada, llegaría a tiempo a su destino, contaminando menos, consumiendo menos, con menos accidentes. (Suspiro anhelante.)
Bueno, vacía no, porque habría también más peatones y patinadores y bicicletas en el espacio recuperado para las personas. Personas que lo están esperando, pacientemente. Personas que ya se están echando tímidamente a la calle, y que no dejarán de aumentar, porque ahora es raro el caso del que habiendo probado la bici la deja. Ha pasado el invierno, durante el que no han desaparecido las bicis del pasado otoño particularmente benigno, y la recién llegada primavera está trayendo todavía más. Pedalear es muy adicitivo. Más que el fumar, porque en vez de oler peor y tener más tos, cada día estás mejor, más sano, más en forma, en mejor armonía contigo y con tu mundo.
¿Nos levarán nuestros gobernantes por este camino algún día? ¿Les vamos a esperar?
Más nos vale esperar sentados... en nuestras bicis.
When people lead, the leaders will follow.
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4.4.08
Teruel eschiste
- Papá, ¿el ratoncito Pérez existe?
- Sí, hija, el ratoncito Pérez es chiste.
(Y, si lo pilla, es que ya era hora de que se enterase.)
Este fin de semana estuve de visitas familiares en Teruel, una ciudad mínima de gran belleza, cuyo clima es mucho más agradable de lo que la reincidencia en las mínimas térmicas hace suponer a los extraños.
Me sorprendió la total ausencia de ciclistas urbanos. Para ser exactos, sólo vi unas bicis en una competición de bici-cross en un parque, y una bici aparcada. En una ciudad prácticamente perfecta para desplazarse en bici, con buena parte entre peatonal o callejuelas, y con todas las distancias tan cortas.
Pregunté a mis parientes. Todos hacían de las cuestas el chivo expiatorio, con muy poco fundamento: muchos trayectos son sin cuesta, y como dice el de la bici, eso no es excusa en absoluto.
A mí me pareció que la razón es la misma que en ciudades más grandes: falta de desarrollo, o desarrollo mal entendido, es decir, preferir el coche,caiga quien caiga. Porque los coches abundan, aunque hay que dar bastantes vueltas, y cuesta bastante encontrar aparcamiento. Los coches tuneados, con el chundachunda, apenas encuentran una recta decente para lanzarse, aunque aprovechan las pocas que hay, para sobresalto de los viandantes. En fin, esperemos que algún día también allí la gente decida pedalear hacia el futuro, en lugar de quejarse de haber sido aparcados por los demás.
El domingo estuvimos en Albarracín (posiblemente, el pueblo más bonito del mundo). Precioso para pasear, y con unos alrededores en los que seguro que hay muchas rutas ciclistas que explorar.
- Sí, hija, el ratoncito Pérez es chiste.
(Y, si lo pilla, es que ya era hora de que se enterase.)
Este fin de semana estuve de visitas familiares en Teruel, una ciudad mínima de gran belleza, cuyo clima es mucho más agradable de lo que la reincidencia en las mínimas térmicas hace suponer a los extraños.
Me sorprendió la total ausencia de ciclistas urbanos. Para ser exactos, sólo vi unas bicis en una competición de bici-cross en un parque, y una bici aparcada. En una ciudad prácticamente perfecta para desplazarse en bici, con buena parte entre peatonal o callejuelas, y con todas las distancias tan cortas.
Pregunté a mis parientes. Todos hacían de las cuestas el chivo expiatorio, con muy poco fundamento: muchos trayectos son sin cuesta, y como dice el de la bici, eso no es excusa en absoluto.
A mí me pareció que la razón es la misma que en ciudades más grandes: falta de desarrollo, o desarrollo mal entendido, es decir, preferir el coche,caiga quien caiga. Porque los coches abundan, aunque hay que dar bastantes vueltas, y cuesta bastante encontrar aparcamiento. Los coches tuneados, con el chundachunda, apenas encuentran una recta decente para lanzarse, aunque aprovechan las pocas que hay, para sobresalto de los viandantes. En fin, esperemos que algún día también allí la gente decida pedalear hacia el futuro, en lugar de quejarse de haber sido aparcados por los demás.
El domingo estuvimos en Albarracín (posiblemente, el pueblo más bonito del mundo). Precioso para pasear, y con unos alrededores en los que seguro que hay muchas rutas ciclistas que explorar.
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21.1.08
Memo solitario
Me entero en el blog de Fernand0 de que ha nombrado éste como blog solitario. Ya me parecía a mí que no lo lee mucha gente...
- ¡SoliTario no! ¡SoliDario! - me aclara Fernand0.
- ¡Ah! Perdón, es que estoy Gordo como una tapia.
- Si, claro, y eso que vas en bici... Y, por cierto, no desvelo tu identidad, porque tú no lo haces.
- ¿Mi verdadero nombre? ¡Qué poco se lee en este país! Alonso Ciclano, naturalmente.
- ¡No hombre, el nombre del autor de Don Biciclote!
- ¿Miguel de Ciclantes?
- ¡Se te va la olla!
- ¿? (Compruebo que llevo la cremallera subida.) Mira, los que me conocen, ya saben quien soy, y a los que no me conocen les da lo mismo. Y, si no les da, con paciencia, ingenio y conocimiento profundo de este blog (no más de tres niveles de profundidad), lo pueden averiguar.
Lo mejor de este nombramiento es el premio: puedes distinguir a otros siete blogs con este gran y simpático honor. Por ese motivo se dice que es un "meme solidario". Meme, eso de los "genes" culturales, que acuñó Dawkins, el del "gen egoísta". (¡Qué lío!)
En mi caso, la monotemática del blog (o bicitemática, porque del mono (acuático) no hablo, aquí) restringe algo las posibilidades. Además, por lo visto, no está bien ídem re-nombrar a los ya premiados, lo que excluye a algunos de los que nombraría (Toupeiro, por ejemplo, en su calidad de ciclista y librero, optimista y pesimista, escritor de chorradas, vamos, casi alma gemela).
Vayan pues, mis nombramientos, y para todos ellos, y muchos más que lo merecen, y a quienes les llegará, este premio:
- ¡SoliTario no! ¡SoliDario! - me aclara Fernand0.
- ¡Ah! Perdón, es que estoy Gordo como una tapia.
- Si, claro, y eso que vas en bici... Y, por cierto, no desvelo tu identidad, porque tú no lo haces.
- ¿Mi verdadero nombre? ¡Qué poco se lee en este país! Alonso Ciclano, naturalmente.
- ¡No hombre, el nombre del autor de Don Biciclote!
- ¿Miguel de Ciclantes?
- ¡Se te va la olla!
- ¿? (Compruebo que llevo la cremallera subida.) Mira, los que me conocen, ya saben quien soy, y a los que no me conocen les da lo mismo. Y, si no les da, con paciencia, ingenio y conocimiento profundo de este blog (no más de tres niveles de profundidad), lo pueden averiguar.
Lo mejor de este nombramiento es el premio: puedes distinguir a otros siete blogs con este gran y simpático honor. Por ese motivo se dice que es un "meme solidario". Meme, eso de los "genes" culturales, que acuñó Dawkins, el del "gen egoísta". (¡Qué lío!)
En mi caso, la monotemática del blog (o bicitemática, porque del mono (acuático) no hablo, aquí) restringe algo las posibilidades. Además, por lo visto, no está bien ídem re-nombrar a los ya premiados, lo que excluye a algunos de los que nombraría (Toupeiro, por ejemplo, en su calidad de ciclista y librero, optimista y pesimista, escritor de chorradas, vamos, casi alma gemela).
Vayan pues, mis nombramientos, y para todos ellos, y muchos más que lo merecen, y a quienes les llegará, este premio:

- A los que pedaleando en Valencia nos alegran y emocionan muchos días con sus historias y anuncios.
- Al que pedalea en Mérida mientras se buscan lectores, y nos escribe, sobre todo, de bicis y libros.
- A los que pedalean en Granada vía verde, y nos hablan de transporte responsable.
- Al que pedalea en Zaragoza, con la rasmia revolucionaria de los Hombres Perro.
- A un colectivo canario de amigos de la bicicleta, que nos escriben desde su sillín.
- A un blog de ingeniería y sostenibilidad para el siglo XXI, donde, naturalmente, la bici sale a menudo, es una de las etiquetas más gordas.
- Y, por último, pero no menos importante, a quienes reúnen a todos los blogs de ciclismo urbano de aquí y de allá.
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17.12.07
¿Señales de tráfico?
Supongo que nadie se sorprenderá si digo que ésta es mi señal de tráfico favorita:

Yo creo que no dejaría ninguna otra en las ciudades.
Me convence mucho la idea de suprimirlas todas como forma de mejorar la fluidez y la seguridad del tráfico. ¿Esto sí que os sorprende? Pues leed este artículo, que ha suscitado numerosas reacciones, entre las que destaco ésta. Ya me gustaría que hubiese alguna ciudad española (¿por qué no Bicigoza?) en la lista de las que están probando con éxito la iniciativa...
Y si no se cumple este deseo, entonces me gustaría que se exhibiesen las señales de tráfico así. (No soy sexista, en aras de la paridad también pueden emplearse guapos mocetones.)
Yo creo que no dejaría ninguna otra en las ciudades.
Me convence mucho la idea de suprimirlas todas como forma de mejorar la fluidez y la seguridad del tráfico. ¿Esto sí que os sorprende? Pues leed este artículo, que ha suscitado numerosas reacciones, entre las que destaco ésta. Ya me gustaría que hubiese alguna ciudad española (¿por qué no Bicigoza?) en la lista de las que están probando con éxito la iniciativa...
Y si no se cumple este deseo, entonces me gustaría que se exhibiesen las señales de tráfico así. (No soy sexista, en aras de la paridad también pueden emplearse guapos mocetones.)
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10.11.07
Para gustos están los colores - El Pirineo en otoño
En vista de que algunos amigos ciclistas prefieren la carretera, me había propuesto contar hoy una excursión de su gusto.
Había seleccionado una ruta a la que tengo especial cariño, que es el puerto del Cotefablo.
Le tengo cariño por su gran belleza, y por ser origen de estupendas excursiones en bici o andando (por el Sorrosal, por el Infierno - donde anteayer casi me voy al idem, al Cebollar, al sobrepuerto, entre los pueblos del valle, etc.)
Y sobre todo le tengo cariño por su origen: fue el "precio" pagado, hace casi un siglo, por la declaración del Parque Nacional de Ordesa - a cambio de renunciar a la explotación de la zona protegida, los habitantes del Sobrarbe conseguían la ansiada comunicación con sus vecinos del Serrablo. Todos ganamos.
Pero por dos motivos, no voy a hacerlo (esta vez).
El primero es que estos días había demasiado tráfico como para que resultase agradable, problema que sólo se reducirá cuando se abra la nueva carretera de Sabiñánigo a Fiscal (que, en broma, decíamos que sería para la Expo, y ahora ya sabemos que será, si acaso, para la siguiente Expo, porque para la de 2008 va a ser que no).
El segundo es que, después de bajar caminando ayer (con integrantes del Komando Kroketa y con javifields, entre otros amigos) los 1200 metros desde aquí:
no tenía las piernas para muchas alegrías. (Por cierto, vimos unos sarrios que se parecían más al segundo que a los primeros de la adivinanza que nos resolverá Pepe Nosela.)
Así que he optado por una ruta más suave, y no menos hermosa, y he recorrido los primeros kilómetros de la que recomendaba en verano (Sarvisé - Fanlo - Vió - Buerba - Puyarruego - San Úrbez - Nerín - Fanlo - Sarvisé), concretamente la parte del valle del Chate, entre Sarvisé y las primeras cuestas hacia Fanlo.
Como una imagen vale más que mil palabras (dependiendo del tamaño de la imagen, vale entre diez y mil veces más, ¿dejémoslo en unas cien veces más?), os voy a dejar con algunas fotos de la apoteosis de colores que presentaba el valle en este otoño especialmente benigno, y dedicaré unas pocas palabras a complementar las fotos con información para los demás sentidos: el rumor del agua, el canto de los pájaros, el aroma del bosque, la combinación de aire fresco con un baño de sol generoso...
Había seleccionado una ruta a la que tengo especial cariño, que es el puerto del Cotefablo.
Le tengo cariño por su gran belleza, y por ser origen de estupendas excursiones en bici o andando (por el Sorrosal, por el Infierno - donde anteayer casi me voy al idem, al Cebollar, al sobrepuerto, entre los pueblos del valle, etc.)
Y sobre todo le tengo cariño por su origen: fue el "precio" pagado, hace casi un siglo, por la declaración del Parque Nacional de Ordesa - a cambio de renunciar a la explotación de la zona protegida, los habitantes del Sobrarbe conseguían la ansiada comunicación con sus vecinos del Serrablo. Todos ganamos.
Pero por dos motivos, no voy a hacerlo (esta vez).
El primero es que estos días había demasiado tráfico como para que resultase agradable, problema que sólo se reducirá cuando se abra la nueva carretera de Sabiñánigo a Fiscal (que, en broma, decíamos que sería para la Expo, y ahora ya sabemos que será, si acaso, para la siguiente Expo, porque para la de 2008 va a ser que no).
El segundo es que, después de bajar caminando ayer (con integrantes del Komando Kroketa y con javifields, entre otros amigos) los 1200 metros desde aquí:
no tenía las piernas para muchas alegrías. (Por cierto, vimos unos sarrios que se parecían más al segundo que a los primeros de la adivinanza que nos resolverá Pepe Nosela.)Así que he optado por una ruta más suave, y no menos hermosa, y he recorrido los primeros kilómetros de la que recomendaba en verano (Sarvisé - Fanlo - Vió - Buerba - Puyarruego - San Úrbez - Nerín - Fanlo - Sarvisé), concretamente la parte del valle del Chate, entre Sarvisé y las primeras cuestas hacia Fanlo.
Como una imagen vale más que mil palabras (dependiendo del tamaño de la imagen, vale entre diez y mil veces más, ¿dejémoslo en unas cien veces más?), os voy a dejar con algunas fotos de la apoteosis de colores que presentaba el valle en este otoño especialmente benigno, y dedicaré unas pocas palabras a complementar las fotos con información para los demás sentidos: el rumor del agua, el canto de los pájaros, el aroma del bosque, la combinación de aire fresco con un baño de sol generoso...
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4.11.07
Costumbres - El Moncayo en otoño
Todos los otoños tengo la costumbre de subir un día por el Moncayo con la bici. El sitio merece la pena también en otras épocas, pero lo de finales de octubre puede ser espectacular.
También tengo la costumbre de relatar aquí algunas excursiones que me parece que merecen especialmente la pena, y esta del Moncayo es posiblemente la mejor de la provincia de Zaragoza, así que allá vamos. (Intentaré escribir parodiando el estilo de guía excursionista, a ver qué tal me sale. Las fotos no son muy allá, me dio pereza ir con la cámara de verdad, y hoy me da pereza ponerme a hacerles unos mínimos retoques, recortes, etc, lo siento.)
El punto de partida ideal es el Monasterio de Veruela (650 m) desde donde nos dirigimos a Agramonte (1060 m) por una pequeña y revirada carretera que se aproxima al Moncayo, primero entre campos y seguidamente entre abundantes robles, que se dorarán más tarde, en noviembre.

Al principio la carretera es algo empinada, y soleada, lo justo para calentar a gusto, pero una vez que llegamos a los pinares disfrutaremos, no sólo de su aroma y frescor, sino de un trazado ameno y sin pendiente por el que dejarnos rodar.
Desde Agramonte ascendemos por la incomparable carretera (los 5 km de carretera más bonitos de Zaragoza, opino) a través del bosque de hayas más meridional de Europa (creo), pasando por varios rincones mágicos y fuentes de agua sabrosa.

En la Fuente de Los Frailes (1350 m), antes de llegar al Santuario (al que los más osados podrían subir y bajar mientras otros preferimos un descanso), abandonamos la carretera dejándonos seducir por esta pista, cortada al tráfico, por la que nos adentramos.

Por ella, y siguiendo en el hayedo, iremos ascendiendo más o menos suavemente al principio. Las hayas son sustituidas por pinos silvestres a la vez que la pendiente se endurece y la vista se amplía, llevándonos hasta el desvío al collado Bellido (al que los más osados que no hayan tenido bastante con lo del Santuario podrían subir, caminando o corriendo). Poco después alcanzamos el punto más alto de la excursión, sobre el barranco de Valdealonso, a unos 1850 m, desde donde podemos ver prácticamente todos y cada uno de los 1200 m de desnivel superados a lo largo de unos 24 km.
Desde ahí, por fin, ya es practicamente todo bajada, en general suave y fácil, con algunos momentos gloriosos, por ejemplo al acercarnos al Morrón y la Muela.

Cuando casi hemos alcanzado el collado de La Estaca, un poco antes de llegar a la estaca que lo señala, debemos dirigirnos hacia Alcalá de Moncayo, tomando un desvío evidente (que ahora está señalado mediante otra estaca) hacia la izquierda (o sea, el este) en leve ascenso inicial (¡no desanimarse! por experiencia os digo que es mucho peor tirar hacia el sur atraído por su tremenda cuesta abajo, y luego darse uno cuenta de que ha sido un error, y tener que volver a subir). Ese último y leve ascenso va seguido de una vertiginosa bajada hacia Añón y Alcalá, que tomaremos no sin antes volver la vista atrás para contemplar los recónditos parajes que acabamos de hollar.
Una vez abajo, conviene no perderse un desvío a la izquerda (el segundo evidente, si no recuerdo mal) siguiendo la GR90 (marcas rojas y blancas). En algún momento, hacia el final, no es del todo ciclable, pero nos acerca de la forma más interesante a la vega del Huecha, que en esta época está impresionante, y por donde es fácil perderse (si queremos).

Finalmente, a la altura de Alcalá, volvemos a la carretera para regresar al Monasterio de Veruela, lugar donde podemos encontrar todo lo que nos pueda apetecer para terminar el día.

El mapa, donde está resaltado el tramo entre la Fuente de Los Frailes y Añón (que no tiene pierde, y el resto aún menos) es este:

El tiempo que emplée el domingo pasado para cubrir los 60 km fueron siete horas, de las cuales cinco fueron pedaleando, y dos contemplando.
Alguno se preguntará: ¿para qué tanto tiempo? ¿no se puede hacer más rápido?
Lo cierto es que seguro que se puede, pero ¿para qué?
¡No se me ocurría un sitio mejor donde estar!
Algún otro se preguntará: ¿Y desde cuándo tienes estas costumbres?
Bueno, lo de subir por el Moncayo, con este año ya van dos veces, y lo de relatar excursiones, esta es la primera...
¡Pues vaya costumbres de habas!
Ya, pero es que yo miro hacia adelante, y no preveo dejar de hacer ninguna de ambas cosas.
También tengo la costumbre de relatar aquí algunas excursiones que me parece que merecen especialmente la pena, y esta del Moncayo es posiblemente la mejor de la provincia de Zaragoza, así que allá vamos. (Intentaré escribir parodiando el estilo de guía excursionista, a ver qué tal me sale. Las fotos no son muy allá, me dio pereza ir con la cámara de verdad, y hoy me da pereza ponerme a hacerles unos mínimos retoques, recortes, etc, lo siento.)
El punto de partida ideal es el Monasterio de Veruela (650 m) desde donde nos dirigimos a Agramonte (1060 m) por una pequeña y revirada carretera que se aproxima al Moncayo, primero entre campos y seguidamente entre abundantes robles, que se dorarán más tarde, en noviembre.
Al principio la carretera es algo empinada, y soleada, lo justo para calentar a gusto, pero una vez que llegamos a los pinares disfrutaremos, no sólo de su aroma y frescor, sino de un trazado ameno y sin pendiente por el que dejarnos rodar.
Desde Agramonte ascendemos por la incomparable carretera (los 5 km de carretera más bonitos de Zaragoza, opino) a través del bosque de hayas más meridional de Europa (creo), pasando por varios rincones mágicos y fuentes de agua sabrosa.
En la Fuente de Los Frailes (1350 m), antes de llegar al Santuario (al que los más osados podrían subir y bajar mientras otros preferimos un descanso), abandonamos la carretera dejándonos seducir por esta pista, cortada al tráfico, por la que nos adentramos.
Por ella, y siguiendo en el hayedo, iremos ascendiendo más o menos suavemente al principio. Las hayas son sustituidas por pinos silvestres a la vez que la pendiente se endurece y la vista se amplía, llevándonos hasta el desvío al collado Bellido (al que los más osados que no hayan tenido bastante con lo del Santuario podrían subir, caminando o corriendo). Poco después alcanzamos el punto más alto de la excursión, sobre el barranco de Valdealonso, a unos 1850 m, desde donde podemos ver prácticamente todos y cada uno de los 1200 m de desnivel superados a lo largo de unos 24 km.
Desde ahí, por fin, ya es practicamente todo bajada, en general suave y fácil, con algunos momentos gloriosos, por ejemplo al acercarnos al Morrón y la Muela.
Cuando casi hemos alcanzado el collado de La Estaca, un poco antes de llegar a la estaca que lo señala, debemos dirigirnos hacia Alcalá de Moncayo, tomando un desvío evidente (que ahora está señalado mediante otra estaca) hacia la izquierda (o sea, el este) en leve ascenso inicial (¡no desanimarse! por experiencia os digo que es mucho peor tirar hacia el sur atraído por su tremenda cuesta abajo, y luego darse uno cuenta de que ha sido un error, y tener que volver a subir). Ese último y leve ascenso va seguido de una vertiginosa bajada hacia Añón y Alcalá, que tomaremos no sin antes volver la vista atrás para contemplar los recónditos parajes que acabamos de hollar.
Una vez abajo, conviene no perderse un desvío a la izquerda (el segundo evidente, si no recuerdo mal) siguiendo la GR90 (marcas rojas y blancas). En algún momento, hacia el final, no es del todo ciclable, pero nos acerca de la forma más interesante a la vega del Huecha, que en esta época está impresionante, y por donde es fácil perderse (si queremos).
Finalmente, a la altura de Alcalá, volvemos a la carretera para regresar al Monasterio de Veruela, lugar donde podemos encontrar todo lo que nos pueda apetecer para terminar el día.
El mapa, donde está resaltado el tramo entre la Fuente de Los Frailes y Añón (que no tiene pierde, y el resto aún menos) es este:

El tiempo que emplée el domingo pasado para cubrir los 60 km fueron siete horas, de las cuales cinco fueron pedaleando, y dos contemplando.
Alguno se preguntará: ¿para qué tanto tiempo? ¿no se puede hacer más rápido?
Lo cierto es que seguro que se puede, pero ¿para qué?
¡No se me ocurría un sitio mejor donde estar!
Algún otro se preguntará: ¿Y desde cuándo tienes estas costumbres?
Bueno, lo de subir por el Moncayo, con este año ya van dos veces, y lo de relatar excursiones, esta es la primera...
¡Pues vaya costumbres de habas!
Ya, pero es que yo miro hacia adelante, y no preveo dejar de hacer ninguna de ambas cosas.
Publicado el
27.10.07
La máquina del tiempo
Esta semana (en realidad hace ya varias semanas) tendría que haber escrito un artículo titulado "Vuelta al cole".
Pero va a tener que esperar, porque tenía que incluir unas fotos en las que se nos ve yendo al cole en tres, dos, o una bici, y aún no he tenido tiempo de hacerlas. Y eso que está haciendo muy buen tiempo, ideal para hacerlas una tarde en el paseo al lado del río por el que a veces volvemos.
Y es que, la verdad, actualmente el bien más precioso para muchos no es el dinero, casi me atrevo a decir que tampoco el amor o la salud, sino el tiempo.
¿Para qué sirve el dinero sin tiempo para emplearlo?
¿Cómo se puede amar sin dedicar tiempo a los seres amados?
¿No es la salud sino una garantía de que nuestro buen tiempo no va a acabar todavía?
Yo, como muchos, tengo obligaciones, en general placenteras o satisfactorias, pero obligaciones en el sentido de que no puedo dejar de hacerlas: dormir, comer, trabajar, cuidar a mis hijos, llevarles al colegio, hacer la compra, cocinar, algunas otras tareas domésticas, etc.
Y además quiero estudiar y aprender cosas nuevas, leer, escribir, charlar con los amigos, pasear, hacer fotos, escuchar música, etc.
A veces parece que el día no tiene suficientes horas, ni la semana suficientes días, y aún menos el fin de semana.
Y entonces va mi médico y me dice que tengo que hacer ejercicio moderado regularmente ("te puedes apuntar a un gimnasio que te pille cerca, total no te llevará más de una hora, tres o cuatro veces por semana").
Me pongo tan nervioso viendo que no llego, que acabo con un ataque de ansiedad en el psiquiatra, quien me deriva a un psicoterapeuta que me dice que necesito dedicarme todos los días un tiempo a mí mismo, a relajar mi mente ("puedes probar el yoga, o un balneario de estos que ahora hay en algunas piscinas").
Si no fuese ateo rezaría.
¡¡¡NECESITO MÁS TIEMPO!!!
¡¡¡NECESITO UNA MÁQUINA DEL TIEMPO!!!
Cierro los ojos con la cabeza hundida entre las manos, a punto de derrumbarme.
¿Os podéis creer que entonces va y sucede un milagro? Al abrir los ojos tengo delante una máquina que una voz en mi interior me dice que es la ansiada máquina del tiempo.
Pero ¿cómo funciona? Tiene algo que apenas parece un asiento, unos engranajes, manivelas, barras, y un par de ruedas. Me siento, me agarro a los dos lados de una barra con forma de T, empujo con un pie una de las manivelas, luego la otra... y ¡oh, maravilla!
Resulta que subido en esa máquina (que, milagro sobre milagro, no parece necesitar energía, no le he encontrado ni pilas, ni enchufe, ni depósito de combustible, ni nada que se le parezca) me desplazo bastante rápidamente, mucho más que andando, incluso más que en coche o autobús si se cuentan las esperas, atascos, búsquedas de aparcamiento, etc.
Como no tardo tanto en hacer los desplazamientos necesarios, gano algo de tiempo.
Pero es que a la vez que hago los desplazamientos necesarios estoy haciendo ejercicio, porque resulta que hay que darle vueltas a las manivelas esas de los pies casi todo el tiempo, y eso requiere un moderado esfuerzo, sobre todo si hace algo de viento o hay cuesta.
Y si llevo a los niños al colegio en máquinas de estas, ellos (y yo) tenemos la impresión de que estamos dedicando un tiempo precioso a jugar juntos.
Y cuando voy solo tengo tiempo para pensar, relajarme, o escuchar música, pero sin aislarme del entorno, oigo todo lo que sucede a mi alrededor con mayor intensidad que cuando estoy dentro de un coche con las ventanillas cerradas.
Ahora resulta que hago tantas cosas a la vez subido a esa máquina que me ha empezado a sobrar tiempo, y me empiezo a aburrir...
¡Horror! ¿Por qué tiene que ser todo tan difícil?
Pero entonces descubro que la bendita máquina no sólo funciona si uno tiene un destino, sino que es divertido usarla por el mero gusto de usarla, para dar vueltas, sobre todo en el campo, o en la montaña, y entonces se disfruta de un paseo algo distinto a una caminata, y se puede aprovechar para ir escuchando un podcast o un audiolibro interesante, que es una forma amena de aprender.
Suena el despertador. Me entra una congoja: ¿No habrá sido más que un sueño? Desayuno deprisa, casi no tengo hambre. Bajo las escaleras, abro la puerta del trastero y...
¡Buf! ¿Menos mal! Las bicis siguen estando ahí.
Pero va a tener que esperar, porque tenía que incluir unas fotos en las que se nos ve yendo al cole en tres, dos, o una bici, y aún no he tenido tiempo de hacerlas. Y eso que está haciendo muy buen tiempo, ideal para hacerlas una tarde en el paseo al lado del río por el que a veces volvemos.
Y es que, la verdad, actualmente el bien más precioso para muchos no es el dinero, casi me atrevo a decir que tampoco el amor o la salud, sino el tiempo.
¿Para qué sirve el dinero sin tiempo para emplearlo?
¿Cómo se puede amar sin dedicar tiempo a los seres amados?
¿No es la salud sino una garantía de que nuestro buen tiempo no va a acabar todavía?
Yo, como muchos, tengo obligaciones, en general placenteras o satisfactorias, pero obligaciones en el sentido de que no puedo dejar de hacerlas: dormir, comer, trabajar, cuidar a mis hijos, llevarles al colegio, hacer la compra, cocinar, algunas otras tareas domésticas, etc.
Y además quiero estudiar y aprender cosas nuevas, leer, escribir, charlar con los amigos, pasear, hacer fotos, escuchar música, etc.
A veces parece que el día no tiene suficientes horas, ni la semana suficientes días, y aún menos el fin de semana.
Y entonces va mi médico y me dice que tengo que hacer ejercicio moderado regularmente ("te puedes apuntar a un gimnasio que te pille cerca, total no te llevará más de una hora, tres o cuatro veces por semana").
Me pongo tan nervioso viendo que no llego, que acabo con un ataque de ansiedad en el psiquiatra, quien me deriva a un psicoterapeuta que me dice que necesito dedicarme todos los días un tiempo a mí mismo, a relajar mi mente ("puedes probar el yoga, o un balneario de estos que ahora hay en algunas piscinas").
Si no fuese ateo rezaría.
¡¡¡NECESITO MÁS TIEMPO!!!
¡¡¡NECESITO UNA MÁQUINA DEL TIEMPO!!!
Cierro los ojos con la cabeza hundida entre las manos, a punto de derrumbarme.
¿Os podéis creer que entonces va y sucede un milagro? Al abrir los ojos tengo delante una máquina que una voz en mi interior me dice que es la ansiada máquina del tiempo.
Pero ¿cómo funciona? Tiene algo que apenas parece un asiento, unos engranajes, manivelas, barras, y un par de ruedas. Me siento, me agarro a los dos lados de una barra con forma de T, empujo con un pie una de las manivelas, luego la otra... y ¡oh, maravilla!
Resulta que subido en esa máquina (que, milagro sobre milagro, no parece necesitar energía, no le he encontrado ni pilas, ni enchufe, ni depósito de combustible, ni nada que se le parezca) me desplazo bastante rápidamente, mucho más que andando, incluso más que en coche o autobús si se cuentan las esperas, atascos, búsquedas de aparcamiento, etc.
Como no tardo tanto en hacer los desplazamientos necesarios, gano algo de tiempo.
Pero es que a la vez que hago los desplazamientos necesarios estoy haciendo ejercicio, porque resulta que hay que darle vueltas a las manivelas esas de los pies casi todo el tiempo, y eso requiere un moderado esfuerzo, sobre todo si hace algo de viento o hay cuesta.
Y si llevo a los niños al colegio en máquinas de estas, ellos (y yo) tenemos la impresión de que estamos dedicando un tiempo precioso a jugar juntos.
Y cuando voy solo tengo tiempo para pensar, relajarme, o escuchar música, pero sin aislarme del entorno, oigo todo lo que sucede a mi alrededor con mayor intensidad que cuando estoy dentro de un coche con las ventanillas cerradas.
Ahora resulta que hago tantas cosas a la vez subido a esa máquina que me ha empezado a sobrar tiempo, y me empiezo a aburrir...
¡Horror! ¿Por qué tiene que ser todo tan difícil?
Pero entonces descubro que la bendita máquina no sólo funciona si uno tiene un destino, sino que es divertido usarla por el mero gusto de usarla, para dar vueltas, sobre todo en el campo, o en la montaña, y entonces se disfruta de un paseo algo distinto a una caminata, y se puede aprovechar para ir escuchando un podcast o un audiolibro interesante, que es una forma amena de aprender.
Suena el despertador. Me entra una congoja: ¿No habrá sido más que un sueño? Desayuno deprisa, casi no tengo hambre. Bajo las escaleras, abro la puerta del trastero y...
¡Buf! ¿Menos mal! Las bicis siguen estando ahí.
Publicado el
19.10.07
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