Provincianos

Perdonad que hoy me exceda en el corta-y-pega, y directamente transcriba un par de artículos del (a mi gusto) mejor periodista de mis tierras, que tiene la virtud adicional de suscitar interesantísimos comentarios de algunos lectores, y provocar los exabruptos de otros. Hasta esos exabruptos son interesantes, pues desvelan crudamente las vergüenzas de un buen número de vecinos, causantes penúltimos, pienso yo, de las cosas que nos pasan en este mundo (¿irremediablemente?) agotado.

Como en otras (contadas) ocasiones, esto (parece que) se sale del tema de este blog... pero es sólo en apariencia. La fidelidad al fondo es completa.

Provincianos

He revisado las cuentas municipales de Zaragoza y veo que determinadas partidas destinadas a salarios de concejales y adyacentes no paran de experimentar incrementos a pesar de la supuesta congelación salarial. Entre los presupuestos del 2007 y los de este año, las cantidades destinadas a los sueldos de jefes y consultores aumentaron casi un millón y cuarto de euros. Respecto del 2008, la subida es de seiscientos mil euros (cien millones de pesetas). Y ahora ya sabemos que no se trata de un error informático, sino de la puritita realidad. Los jefes, por si acaso, se sonríen cuando les preguntas sobre estos misterios aritméticos. ¿No habíamos quedado en que la remuneración del último consejero contratado, Jerónimo Blasco, iba a salirnos gratis? Y para responderte te miran con ese aire de superioridad que ahora se gastan los mandamases. "Qué provincianos sois", replican.

¿Provincianos? Muchos corifeos del poder utilizan dicho término para descalificar a cualquiera que abra el más mínimo debate crítico. Porque quien ose poner alguna pega a la gloriosa consagración del Sistema (en sus vertientes financieras, mediáticas, futboleras o políticas) es sin duda un boinaenroscado, un matraco y un capullo que no entiende el signo de los tiempos. Los presupuestos aproximados, la flexibilidad contable, los artefactos grandes y caros, los proyectos demenciados, los empresarios de cámara que multiplican el valor de las recalificaciones de suelo... Eso sí que es moderno y puesto en razón. Pero la creatividad, la ambición y la autoexigencia, la introducción de conceptos progresistas, el rigor presupuestario, el buen gusto, la visión de futuro y el esfuerzo colectivo son conceptos provincianos, catetos y superados.

Cuando te acostumbras a contratar una obra por treinta y cinco (millones) y te sale por setenta (pero tú, ni inmutarte), cuando obtienes fáciles victorias a base de quemar sin miramiento la pólvora del contribuyente, cuando sólo te relacionas con paniaguados y saludarribazos, cuando, en fin, puedes manipular a los medios mediante el viejo sistema del palo y la zanahoria... pues es normal que te subas a la parra y consideres a los demás unos palurdos y unos tontolabas. Incluso puedes convencer a gente poco informada de que tus iniciativas son geniales. Pero, ¡ay!, más temprano que tarde llega Paco con la rebaja.


Todo lo contrario, queridos. Provinciano es, justamente, contratar como gran atracción arquitectónica un pabellón-puente diseñado para otro río y otra ciudad (donde rechazaron cortesmente la propuesta), meterlo con calzador en el Ebro, acabar pagando por la obra el doble de lo previsto (hablamos de decenas de millones) y, al final, convocar un concurso de ideas para que alguien adivine la utilidad del artefacto. Menuda matracada.

Tal vez no sea provinciano levantar una obra de Foster a orillas del Nervión o montar una pirámide de cristal en los patios del Louvre, pero sí lo es reproducir a posteriori edificios similares queriendo causar idéntico efecto.

Hacer una Expo y dejar la mercadotecnia en manos de una empresa insolvente y obviamente tramposa es de provincianos. Dejarse envolver por los gualtrapas de International Leisure Development (ILD) y creerse la historia de Gran Scala lo es igualmente. Sólo quienes habitan la comarca de Inopia pueden tragarse ciertos cuentos chinos, tan parecidos precisamente a los usados por los listos de las grandes capitales para engatusar a los pringadillos que llegaban... de provincias.

Pretender introducir en el Ebro los criterios de navegabilidad de los ríos-canales y los lagos centroeuropeos, pagar al personal de un equipo de fútbol de segunda sueldos de primerísima, inventar fabulosos e imposibles negocios para el Aragón profundo (no me refiero en este caso a Gran Scala sino a la Ciudad del Motor alcañizana o al presunto Centro Aeronáutico de Caudé), desdeñar el medio ambiente, intentar organizar una economía agraria basada en la cantidad y no en la calidad, urbanizar a lo bestia las montañas, despreciar el tranvía por anticuado... todo esto es esencialmente provinciano e incluso ridículo.

Claro que una ciudad y una región-comunidad deben invertir, abrir nuevos horizontes, romper moldes y generar oportunidades. No cabe dejarlo todo como estaba hace cincuenta años (que, por cierto, estaba muy mal). Pero hay que gastar con criterio, programar con estilo... y tener las cuentas claras.
José Luis Trasobares, en El Periódico de Aragón (7 y 8 de febrero de 2009)


1 comentario:

  1. Ya se sabe "El que parte y reparte, se queda con la mejor parte" y si además el dinero es del contribuyente miel sobre hojuelas.
    Saludos

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