He visto pasar un par de aviones rumbo al paraíso por encima de mi cabeza. No pueden verme, aquí abajo, ni yo puedo subirme a ellos. Tendría que llegar primero a un aeropuerto, y no sé hacia dónde se encuentra, sin contar con que la bici sigue rota.
Se me ocurre de repente que igual puedo subirme a ella de todos modos. Me da miedo. Pero peor es quedarme aquí sentado otro día más, otra noche más. ¡Allá vamos y que sea lo que dios quiera! (Es un decir.)
Tú no dejes de pedalear, igual la bici no está tan rota como parece.
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